24 junio 2006

Fin y créditos

Este es el último post Perruno. Al menos por el momento. Por un largo momento. No sé si continuaré algún día, lo dudo. He llegado a un punto en el que el Perro Flaco ya no me aporta nada, ni me sirve como antes. Y no quiero seguir haciendo este tipo de cosas por inercia, obligación, compromiso o promesas a la virgen.

Además, por mucho que lo escriba, seguiré viviendo situaciones raras, coincidencias desesperantes y apuros sin fin. Por más que yo no lo desee. El blog no va a exorcizar todo eso. Y aunque hay que vivir para escribir, o eso dicen, tampoco quiero vivir todo aquello con el único fin de escribirlo. Ni escribir todo lo que vivo, claro. Ya sabes, coge un círculo, métele mano y se volverá vicioso.

La otra cosa mencionable es mi vuelta a la radio. Al final fructificó la cosa y aunque no es lo que quería hacer puramente, la idea va tomando forma. Animé a Javi cuando su programa con José Luis agonizaba, aprovechamos la muerte y aunque nadie nos lo puso fácil, conservamos la hora de emisión. Había hablado con varias personas con la idea inicial de aquel programa y para completar el elenco tuve una corazonada con una de las chicas con las que hablé, Silvia, una actriz metida en mil cosas –en la actualidad trabaja en TV- que quería probar en la radio. La tía es muy buena, aunque nos queda ensamblar el engranaje entre Javi y yo, que nos conocemos de sobra a pesar de los parones, y la forma de actuar de ella.


PD: Ah, por cierto. Mi último trabajo complementario me ha reportado una pequeña venganza.

En el turno de fin de semana que estaba cubriendo (nótese que hablo en pasado) prácticamente no podía moverme de mi puesto, ya que salvo un par de horas estaba atendiendo yo solo el servicio. Para no perder llamadas, y rayando la ilegalidad la empresa sólo daba un descanso de comida de quince minutos para ocho horas de trabajo, más las pausas por uso de monitores que mal que les pese son obligatorias. Me tomé todas las que me correspondían y la supervisora se acercó para dejarme caer que no dejara el servicio abandonado, que adelantara las pausas o me saltara alguna y retrasara la comida... Huelga decir que a mí esto me resbalaba y me tomé las pausas cuando me correspondían y con la duración marcada.

Al fijarme en la mujer esta, la que cortaba el bacalao allí, me di cuenta de que iba de jefaza y que debía serlo, pero que además tenía instalado en la propia empresa un pequeño estudio de grabación donde ella se metía de vez en cuando a locutar.

Pensé que se trataba de grabaciones para la propia empresa, no en vano desarrollan servicios de máquinas de reconocimiento de voz, y aquello me llamó la atención...

Pero al poco la escuche hablar sobre “el guión que estaba escribiendo esa semana“ con otra chica. Eso, y unos comentarios sobre la preparación y cultura de Boris Izaguirre (ejem) me dejaron con la mosca detrás de la oreja, hasta que la maté. Busqué en internet y ¡voilá! Por azares del destino, descubrí que la tipa es la guionista principal y voz en off del programa en el que estuve a punto de trabajar como redactor, de no haber sido por una niñita enchufada y un productor cobarde.

Digo yo que, mientras trabaja en la productora aquella y escribe para la tele, debe tener participaciones en esta empresa. Putas empresas medianas.

De hecho, al verme me dijo que le sonaba de algo. Lo cierto es que a mí me pasaba lo mismo con ella. Claro, de pulular un par de veces por la productora. Hay que joderse, las cosas que me pasan. Yo por supuesto no dije nada. Pensé en forzar la situación un poco en plan “Uy ¿escribes? Yo también...” y llegar a la casualidad, para soltarle después lo necios y rastreros que me habían parecido sus compañeros, y lo decepcionante y nefando que era el programa tanto en el guión como en la puesta en escena, interpretación, etc. Pero, maquinador, me callé.

Un poco rebotado y a traición, el fin de semana siguiente me puse malo y no me presenté a trabajar. Y sin avisar, ya que en la ETT el sábado no trabajaban ni las ratas. Ya me imagino a la tipa recolocando y doblando horas a la otra chica, que más que una trabajadora parecía una lacaya y cubriendo ella misma la línea de atención. Ja, ja, ja. Ya, ya sé que es una tontería y tal, pero me hace gracia.

A los dos días me llamó la ETT para preguntarme por mi ausencia, para saber si tenía justificante de la misma (por supuesto, no soy tan estúpido) y para decirme sutilmente que la empresa había reducido horas de trabajo y yo entraba en esa reducción (lógico; una reducción de horas cuando estaba yo solito y apurado para atender tanta llamada).

Así que me echaron, pero ha sido el despido más placentero en mucho tiempo.

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10 junio 2006

No, el trabajo no me gusta, no

Ando pluriempleado. Mientras sigo teleoperando (esta vez en la línea de atención de una cadena de pizzerías el fin de semana) a diario doy clases extraescolares de informática en un colegio y en un centro cultural del barrio. Con diferencia, es el mejor curro de los últimos tiempos, aunque tengo la sensación que me han llamado para cubrir unos huecos a fin de curso que nadie quería... De hecho yo les mande mi Cv interesado en dar clases de guión o de cine...

En el fondo me alegro de haberme podido alejar un poquito de la teleperdición, aunque lo de los findes me martiriza. De todos modos imagino que me tocará volver a colocarme los auriculares, porque como de algo hay que comer...

Es una secta. Los teleoperadores forman (nótese el uso de la tercera persona del plural; yo no soy teleoperador, ni quiero... sólo trabajo de ello) una secta. Entrar resulta sencillo, pero es muy difícil salir. Aunque te echen o se acabe el contrato, al final necesitas trabajar enseguida y como de esto sale algo rápido... si tienes experiencia y simulas sumisión, te pillan. Y llega un buen día en el que te das cuenta que al hablar con alguien por teléfono en tu casa, de manera inconsciente adoptas cierto tono de teleoperata o le respondes con alguna frase de trabajo. Ahí percibes el problema. Un problema más allá de remitir a los clientes a otro teléfono de pago en el que les sigues atendiendo tú mismo o de las empresas que te quitan un 15% del salario base con la promesa de pagártelo a final de contrato y así evitar que te vayas antes de tiempo.

Otros no perciben ese problema. Al contrario, les gusta esto. Parece increíble pero así es. Además es un trabajo que da refugio a una cantidad ingente de necios, estultos, acomplejadas, ineptos, soberbias, trepas e hijos de puta varios. Gente vacía, sin conversación ni intereses más allá de “Salsa Rosa”, ni nada. Chicas que se definen como teleoperadoras, y que pretender hacer carrera en el sector. ¡Ja! Que ansían llegar a coordinadoras, o más allá, supervisoras del servicio. En realidad, para trabajar dos veces más, comerse marrones por 90 euros de plus y no ser más que un pasito por encima del trabajador base. Todo por carencias afectivas y complejos de inferioridad subyacente que contrarrestan con el supuesto poder que les da juzgar el trabajo de los demás. Un trabajo, por cierto, que se desarrolla sin las condiciones, formación, ni información adecuada en la totalidad de las empresas. Con lo que es muy fácil errar.

Como a una persona con cierta inteligencia no se le ocurriría en su vida promocionar en esta mierda, a esos puestos acceden generalmente necios e ignorantes que no dudan en sacar su verdadera y maligna forma de ser para cubrir sus deficiencias. Y porque en el fondo tienen que seguir dando explicaciones a alguien que está por encima de ellos.

Sin ir más lejos, el verano pasado trabaje en una supuesta “empresa importante del sector” que no dudaba en mantener a los teleoperadores encerrados en la décima planta de un edificio de cubiertas metálicas (con lo que acumulaba el calor del sol por las tardes) con el aire acondicionado apagado desde las ocho, soportando 38ºC durante horas. Y así durante un mes. Tras las quejas, se dignaron a encender y potenciar el sistema de refrigeración. Pues bien, recuerdo a uno de estos coordinadores que el primer día encendió el nuevo aire acondicionado a una temperatura muy baja, mientras le farfullaba, descojonado, a otro inepto de estos un “¿no teníais calor?” que sonó aterrador, tan aterrador como la perspectiva degenerativa de la especie que me daba la sola presencia de este tipejo.

Con esto del aire pude ver a otros coordinadores justificar la actitud de la empresa con argumentos como el ahorro de energía, o algo así como “no sabéis la pasta que cuesta mantenerlo encendido”. Como si lo fueras a pagar tú, hijo de mala madre.

Lo alucinante es que estas actitudes no las ves sólo en estos superiores de pacotilla, sino que te las encuentras en tus iguales, sobre todo en los teleoperadores del turno de mañana. Por la tarde suele haber algún escritor necesitado de dinero, un friqui o algún bohemio taciturno con quien congeniar.

Pero la gente de la mañana... y sobre todo ellas-en-el-turno-de-mañana... vaya tela. A veces entras en un estercolero de gente gris que sólo sabe hablar de compra de casas, hipotecas y móviles, veinteañeras tardías muy tontas jugando a bajar politonos o leyendo la misma mierda que todo el mundo lee “porque hay que hacerlo y esta muy bien”. El puto Código ese es un must en la oficina o callcenter de turno, entre gente que desconoce donde está Oceanía y te pregunta cuál es la capital de la provincia de Lanzarote. Pero ¿qué más da? ¡Bien orgullosas que están de su trabajo, con la cabeza alta! Y como lucen su ropita guay y su maqueo a diario...

No quiero entrar en aspectos de este trabajo basura tan característico ni en anécdotas. Como ésta tengo muchas, y para leer eso ya hay otros weblogs.

Pero aunque parezca lo contrario, el trabajo no me quema. Yo suelo abstraerme de todo, pasar las seis, ocho horas de servidumbre lo más rápido posible y olvidarme fuera. Además yo no me rindo. Sigo intentando meter cabeza en trabajos más creativos mientras escribo o hago radio.

Es curioso, haciendo cortos y otras cosillas he coincidido con gente, mucha gente que ha acabado llegando a escribir, hacer cine, tv, actuar profesionalmente, algunos muy conocidos (no diré nombres). Y me alegro por ellos. Debe ser que doy suerte a los demás –y no a mí, la prueba este blog- o soy un poco elefante, como dicen en los casinos. Así que ya sabes, si tienes algún tipo de inquietud artística, pégate a mí que llegarás.

Pero ya digo que la suerte no la revierto hacía mí. Sin ir más lejos, la última fue cuando estuve haciendo las pruebas para un trabajo de guionista y redactor de un programa que ahora mismo se está emitiendo en la tele de todos vosotros. Sin mucha dificultad fui escribiendo guiones y superando las diferentes fases y pruebas hasta llegar a la última, donde los productores debían decantarse entre otro chaval o el mua para cubrir el puesto de tele-escribano.

La prueba consistía en elaborar el guión de la pieza y realizar el trabajo de campo para uno de los diferentes pilotos que estaban preparando. Tenía que acompañar a una reportera a cubrir un evento social o cultural, en el que ella debía seguir mi guión mientras yo la dirigiría allí mismo y reconduciría las preguntas improvisando otras según el asistente que estuviera entrevistando en cada momento. Todo, en teoría, en clave de humor algo surrealista.

Debíamos cubrir el estreno de una peli. Preparé el guión y la mañana del pase de prensa me planté en el cine con el cámara. Pero la reportera no se presentó, con lo que no pudimos hacerlo. Luego me enteré que la muy asquerosa era una enchufada de uno de los jefazos de la productora.

Y me quedé sin hacer la prueba. Para colmo de males el otro aspirante al puesto sí pudo hacer la suya unos días antes, con lo que en la productora no se complicaron. Pasaron de repetirme la prueba y supongo que le darían el trabajo a él. Digo supongo, porque no me han vuelto a llamar. Y eso que el productor del programa prometió darme un toque una hora después de lo del cine. No sé que concepto más raro debe tener de “hora”, porque desde aquello han pasado ya tres meses. A lo mejor se murió y no me avisaron porque, es extraño, no respondió a mis llamadas los días posteriores.

Pero vamos, que tampoco es algo que me sorprenda ahora, al final del tercer cuarto...

Me ha costado aprender de que va el mundo laboral. De hecho me he curtido ya a los treinta con trabajos que tenía que haber hecho con veinte, trabajos de estudiante: conteos, encuestas, aforos, inventarios, montajes... ¿La razón? Empecé a trabajar en el primer sitio en el que eché un currículum y estuve cuatro años hasta que me echaron sin más. Y claro, pensaba que conseguir trabajo era fácil. Je, je, je, iluso. Hasta que me vi con veintiséis años, en la calle. Y me toco aprenderlo de golpe, morder el polvo en trabajos infames, ser maltratado y usado... y defenderme de ello, of course, aunque sólo a veces.

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30 abril 2006

Tv Girls

Las chicas de la calle, las reales, no me llaman la atención. Um... son todas clónicas, visten igual, se expresan con la misma deficiencia... es muy, muy raro que me pueda gustar alguna. ¡Eh, no me tiréis piedras!, que las hay muy majas y no tan estultas, pero son la excepción o mejor dicho, las que (a mí me) molan van a lo suyo y no se dejan ver. Así ¿dónde encuentro a alguien que pueda atraerme un poco? Pues en la tele. Cada uno tendrá sus propios iconos de la sensualidad catódica, pero los míos son un poco raritos. Me gusta desde hace ya Almudena Ariza, que es una reportera y presentadora de TVE que siempre está metida en fregados (11-S, Afganistán, Irak, etc.). Se la ve así, tan frágil pero agresiva en su trabajo... Me acuerdo cuando daba el parte de guerra en Afganistán ataviada con el chador y rodeada de excitados muyahidines, o hace poco cubriendo lo del Tsunami y desaliñada...


Mi nuevo mito es una chica que se llama Virginia Díaz. Presentaba un programa de dibus (“La Hora Animada”) en Onda 6 –y otras teles locales de Vocento-. [...] Es muy pizpireta y natural, me encanta. Y no lo hacía mal, la verdad.


(Esto viene porque) hace un par de días la vi en carne y hueso. Era igual, y distinta... me la imaginaba más alta. El hecho es que me ha impresionado, ja, que fuerte. [...] No soy mitómano, de hecho en mi barrio viven cantidad de actores y artistas muy reconocidos, y aunque me cruce en la panadería con, que sé yo, Sánchez Dragó, Segura o Pedro Guerra, paso de ellos. Bueno, esta chica no es tan conocida, ni de lejos. Pero lo hacía muy bien. Imagino que me ha descolocado verla, al conformar parte de mi universo paralelo y no pensar en su salto al real en ningún momento. Se lo dije a Lorena que ni la vio pasar y ante la duda fuimos detrás de ella un poco, con el consiguiente cachondeo. A Lorena no le molesta, también le gusta la chica. No es guapa al uso, pero tiene un rostro muy peculiar, y claro resultaba inconfundible...

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02 abril 2006

El mundo en peligro

Hace unos días en mi infratrabajo me llamó un tipo de una empresa, muy preocupado. "Mira, tengo un problema", me dice. "Me están enviando unos correos muy importantes con archivos adjuntos a mi mail, pero no puedo descargarlos con Outlook, parece que se quedan bloqueados. Ya lo hemos probado desde varios ordenadores y haciendo varios envíos". Me pongo a revisar el tema en los servidores y así era, el tío tenía una masa ingente de correos que no bajaban. Me imaginaba que era algún tipo de información de empresa de mucho tamaño u algo así por la premura del tipo y demás. No sé, algo así como importante...


Pero después de probar un par de cosas sin resultado, le comenté al menda que lo mejor era eliminar la cuenta de correo, volverla a crear y que le reenviaran los mails. Suspiró con un mohín y aceptó no sin fastidio. Me entró la curiosidad, ¿qué coño tendrían aquellos mails? ¿espionaje industrial, planos? Así que eché un ojo (rozando la ilegalidad) a los asuntos antes de borrarlos: "Diez consejos para ser feliz"; "El ordenador rebelde", y otro con la cabecera de texto "Hola mi amor: te envío estos mails para que te eches unas risas y te acuerdes de mí".


Hoy, días después, no sé que hubiera sido del mundo si mi amigo el empresario no hubiera podido recibir aquellos correos. Cierto.

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29 marzo 2006

¡A tomar por cool!

Leo en El País que "tener un blog es imprescindible para ser cool" y me entran ganar de echar el cerrojo a éste y vomitar.

Odio a muerte el rollo tendencias. Y sobre todo los blogs de tendencias. En general odio los blogs de gente que no tiene nada que decir.

Vivencias mejor que tendencias...

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22 marzo 2006

Lord, I'm Going Down Slow


Hola a todos y a Ender también. Estas historias sonarán muy lejanas a sus oídos. Incluso dan para uno o dos buenos guiones tragicómicos. En mi línea “prefiero vivencias a tendencias” les acerco un relato real, cercano y, porque no, bizarro. De bizarros más bien.

La primera vez que vi a Albert Barry me pareció un tío entrañable, grandote, con rostro de rasgos duros, voz de crooner y una enorme cicatriz en la frente. Fue al poco de entrar a vivir en un piso compartido de Madrid. Piso por llamarlo algo, porque en realidad era un asqueroso reducto lleno de cucarachas alemanas.

Él ocupaba una de las habitaciones de la casa junto a una pareja de camareros en paro que acababan a hostia limpia cada dos por tres y las dos hermanas filipinas que alquilaban los chiscones y sacaban un pico de ello. Todo un cuadro.

Enseguida hicimos buenas migas, a los dos nos gustaba tocar la guitarra y compartíamos gustos musicales, desde Beatles, Hollies a cosas más inclasificables como Joe Dassin, Oliver Onions o Francis Cabrel cantando en castellano. Según me comentó, él era animador y dibujante, solía trabajar para televisión y había tocado en varios grupos de relativa repercusión local. Pero poco a poco fui descubriendo que su vida se estaba convirtiendo en papilla. Lo mismo eran esos restos vitales los que estaba atrayendo en masa a las cuquis.

Albert había empezado a dibujar desde muy joven y bastante bien, por cierto. Había trabajado en Alemania y Francia para un par de pelis de Asterix, aquí había currado en gran parte de la serie de “Las Tres Mellizas”, dibujó en la peli de "Goomer" y hace cinco años trabajó en un corto de animación (“Pollo”) que ganó un Goya. Lo último que había hecho era la cabecera de la infecta resurrección del “Un, Dos, Tres”.

Sin embargo, se había empezado a desmoronar cuando hace unos años murió su madre a la que se sentía muy unido. Se quedó sólo en Madrid y poco a poco empezó a beberse licorerías enteras y compartir polvitos (de maquillaje, se entiende) con Joselito y Camilo Sesto, conocidos suyos de los tiempos de artista.

Perdió casa, cordura y espacio hasta acabar recorriéndose habitaciones realquiladas cada vez en peores condiciones. Se alejó del dibujo y terminó sobreviviendo como guardia jurado.

Pero ya ni eso. En aquellos momentos Albert bordeaba el peligro; estaba sin trabajo conocido, subsidio u otra fuente ilegal de ingresos, bebía cinco cartones de vinillo peleón al día, sólo comía spaghettis cocidos (a palo seco) de los de 25 céntimos el paquete en el Sabeco y fumaba esas marcas de tabaco tan baratas que no deben llevar ni siquiera nicotina. Subsistía de lo que le podíamos prestar los demás y de su tío de Barcelona, único familiar directo, que le pagaba de vez en cuando la habitación, pero que se estaba cansando.

En aquel estado Albert tendía a darse golpes en la cabeza. Desconozco si era debido a algún desajuste fruto de sus abusos o a un problema de oído interno, pero a veces cuando caminaba empezaba a ladear el coco y acababa golpeándolo en los marcos de las puertas. Le ocurría muy a menudo, y la enorme marca de su cabeza se la hizo así, pero en la calle; un accidente que le tuvo más de dos meses hospitalizado.

Se pasaba todo el día en la cocina de la casa hasta que, fruto de la ingesta, caía comatoso en su cama. Mientras aguantaba, peleaba con la invasión de artrópodos y conectaba su viejo radiocassette con cintas de todo tipo, desde bandas sonoras de series infantiles (Mazinger y derivados) a clásicos sesenteros o musiquita tardofranquista, y lo cantaba todo a grito pelado... Lo indescriptible de aquello, el patetismo, ver a aquel hombre hundido que se emocionaba hasta la lágrima con los temas de Focus, Banner y Flapi, Cream, Sandro Giaccobe y Lenny Kravitz... me llevaron a intentar echarle un cable.

Lo cierto es que Alberto a pesar de su decadencia, conservaba intacto su lado más casposo, era capaz de, mientras veíamos una película, exaltarse ante cualquier detalle del argumento como si lo protagonizase él mismo o contarme con pasión como, por ejemplo, la canción de créditos finales del Osito Misha (“Natasha”, cantada por Tito y Tita) era muy difícil de tocar por los arpegios y las posiciones octavadas... y que ya me la enseñaría. Y muchas cosas de este tipo, anécdotas de freak (pero de los de verdad...), confesarme con ojos sanguinolentos que su mayor deseo era comprar una gran figura de PVC de Mazinger que adornaba el escaparate de una famosa tienda de comics cercana, (el robot que junto a Elvis y los Fab Four formaba su particular deidad trina). Y todo esto, era capaz de repetírtelo una y otra vez con la misma intensidad como si no lo hubiera hecho nunca antes.

Lo curioso es que cuando hablábamos de todas estas cosas, Albert olvidaba sus penas y sus querencias... e ingenuamente, pensé en darle cancha y cháchara con todo esto para ver si se animaba... ¡Sí, señores! Por primera y única vez, los iconos de la Generación Pajera podrían servir para algo más que como escudo de tantos Peterpanes y sacar a flote la vida de un pequeño genio lanzada a la cloaca.

Así que empezamos a compartir lo poco que teníamos cada uno en aquel lugar: videos, vinilos raros, piratas y libros de los Beatles, revistas viejas. Hasta le animé para tocar un par de días juntos.

¡Chas!, y aparez... digo, y de pronto, reaccionó y quiso. Entre sudores y mal cuerpo por la abstinencia intentó conseguir un empleo, dejar el vicio y salir de allí. Pero le costó. Se lo ponían muy difícil. Este tipo de personas, a veces caen a un nivel de marginalidad, que sin llegar a ser extrema, les impide auparse de nuevo.

Pero yo no podía seguir empujando su bici, tenía otro reto por delante y salí espantado de aquella casa infecta. Al irnos, al menos, nos alivió saber que había conseguido otro trabajo y se estaba medicado a base de Tranxilium 50 y otras pirulas para aguantar la necesidad etílica. Promesas de vernos todos, compartir piso más adelante etc, que como siempre no se cumplieron.

Y cuatro meses después, volvimos a verle. De nuevo alcoholizado sin casa y con sus enseres en las manos. Nos dolió pero poco pudimos hacer por él. Su tío le había enviado 200 euros, los últimos... 200 euros para pagar otra alcoba donde dejar caer su mezcla de Don Simón 75%, Leucocitos 25%... 200 euros que, en lugar de buscar refugio, se difuminaron en una noche, de barra en barra, con final en las urgencias del Gregorio Marañón. Después alguna otra mano intentó ayudarle, una pensión, otro trabajo en las fuerzas de Prosegur de duración fugaz, pero poco más supimos. De esto hacía ya un año y medio.

A veces nos preguntábamos por él, pero perdimos toda pista... hasta que hace un mes sonó el telefonillo de nuestra buhardilla: “David, soy Alberrrto”

“He soñado está noche con él” me dijo Mrs. Kromosomo, después de abrirle.

Esta más delgado. Cojea. Su cara se ha vuelto sucia. Ha pasado cinco meses en la calle. Sí, en la puta calle. Durmiendo a la intemperie, y tragando cuatro botellas de whiskey al día para calmar esa vida. Un atropello mientras deambulaba sin rumbo (o con rumbo a la siguiente botella) le ha destrozado tibia y peroné y ahora lleva un implante metálico tras otra visita al hospital de mes y medio. Ha perdido todo: su radiocassette, sus cintas y CDs, sus libros y el material de dibujo. No reacciona, le cuesta asimilar. Pero sigue vivo.

En una hipotética y factible hecatombe nuclear el bueno de Albert sobreviviría junto a ratas, cucarachas y Bruce Willis.

Y se le ha aparecido la virgen. Por primera vez en muchos años la suerte ha pasado cerca de Albert Loser y le ha llevado junto a una mujer quince años mayor, que se ha convertido en su Pygmalion: le da casa, comida, ropa, cariño y algo más, una guitarra... De nuevo dice que “quiere tratarse” con la boca pequeña, aunque el delirium tremens vuela bajo sobre su cabeza como un carroñero. En el CAD le han rogado que se medique y que no pase de la media botella al día. Si no, le dan tres años de ¿vida?

Por supuesto volvemos a hablar de música, se lamenta de todo lo que había perdido. “Nada, nada” le digo. “Mira, aquí tengo internet y plis-plas, te grabo unos cds y recuperamos lo que quieras”. Se empieza a emocionar. Me habla de Mazinger y le busco un episodio en la mula.

Cuando se lo pongo, empieza a temblar, su voz se vuelve trémula y dilata las pupilas. No lo había visto en quince años. Y ahí estaba. Albert el desterrado, el hundido, el nuevo cristo viviente de la Generación Pajera, convertido en niño treinta años después. Olvidando su mierda y viendo morir al Dr. Kabuto.

* Las imágenes que ilustran esto están extraídas del book de Alberto y de los fotocromos de "Pollo".

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07 marzo 2006

Consumir preferentemente antes de (ver tapa):

(APFTSP) tiene fecha de caducidad, como los zumos de oferta a punto de caducar, saldados a modo de estrategia de fidelización. Me molan estos chinos. Sonríen pero dentro llevan una mala leche contenida, como cuando les das un billete de 50 euros (sí, alguna vez he tenido billetes de 50) para pagar 1,25 y entre cara feliz y muelas asomantes se cagan en tu puta madre.

¿Y por qué? Mira, no se trata de contar aquí todas las desgracias que me ocurren de manera permanente, además tendría que remontarme muy atrás para entender ese gafe de las pequeñas cosas que me sigue. Y la negra que tengo y yo somos ya buenos colegas.

Quizás, todo esto puesto en orden, reinvetando, pudiera dar lugar a un buen guión, lo tengo pensado. Pero aún no es el momento de escribirlo. Es mejor darle distancia y tiempo a ciertas cosas. Además no sería la típica comedia española “al uso”, el productor se arruinaría,y a mi ya ni me contratarían para dirigir videos de bodas.

Pero lo cierto es que ya tengo en la cabeza cuál será el momento final del Perro. Nació como un experimento y en eso quiero que se quede. También sé que estoy dejando un legado muy importante para los estudiantes de psiquiatra, claro. Esa es otra labor paralela.

Y bueno, que no todo es tan negro, ni me gusta compadecerme... ni entiendo como ciertas personas que han leído esto pueden entenderlo así. ¡Si me río de todo! Son vivencias, sólo vivencias, que las exagero y las deformo.


Y me gustaría vivir muchas más historias, porque en el fondo sigo sin saber nada.

Me lo paso en grande recordando mis miserias.

Aun así, sé que he vivido más que tú, con tus casi cuarenta y tu falsa comodidad. Tú que lees esto y flipas, que a pesar de tus años no tienes ni puta idea de lo que pasa ahí fuera. Tú que has pasado de la comodidad de casa de papi (si no sigues en ella) a la comodidad de tu matrimonio con alguien a quien acabas odiando pero que te ayuda a mantener tu nivel de vida con su sueldo. Tú, que el único riesgo que corres es pagar tu hipoteca y tu coche, mientras tu mujer y tú coméis conservas Día y desayunas leche (¿leche?) Hacendado de la del litro a 40 céntimos.

...o que tú, que vas de enterado, cool, que sabes de todo sin saber de nada, que llevas la ropa más alternativa, que protestas contra la guerra, que te ríes con el rollo bizarro. Que crees que eres de izquierdas... pero en el fondo tu elitismo y tu clasismo, tu idea de pertenencia a una élite cultural, y sobre todo tu pedantería... son las cosas que te meten en el mismo saco que a los otros (otro día me explayo con esto, que tiene tela... ojo que a mi me encanta investigar y descubrir música, cine y demás... y me reconozco como un gran ignorante, ¡ojalá tuvierá más posibilidades de conocer cosas! pero también me encanta compartir todo lo que encuentro y lo que se me pasa por la cabeza).

Pienso que a los treinta una persona tiene que haberlo vivido todo y visto todo, pero la gente de treinta ahora, la Generación TV, no ha vivido nada y no ha visto nada más allá de su X-Box.

Pero preparaos, que el palo viene más tarde o más temprano. Y no sé yo si seréis capaces de soportarlo. El suicidio es la solución, amiguitos.

En cuanto a mí, tengo mis defectos, más que tú seguro, pero ha llegado un punto en el que me da igual lo que me echen. Ya me inventaré como librarme de ello.


Y ese poquito que he aprendido -y como lo he aprendido- es lo que quiero contar aquí. Te repito que es una terapia, cabrón.

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23 enero 2006

¿Pasar por el aro?

He ido a una entrevista de trabajo, para variar. Bueno, sigo buscando, siempre estoy buscando aunque tenga ya algo. Es una cosa que he aprendido en los últimos años, conociendo lo pronto que se puede ir a la mierda un infra-empleo.

Así que me fui andando hasta Gran Vía, que es donde estaba la ETT de turno. Y nada más entrar, mal rollo. Una gordita con cara de odio me escruta y me entra de mala gana para que rellene no sé que mierda de ficha y dársela después a la chica que me iba a entrevistar. Cogí el boli con una media sonrisa pensando “pero si la debéis tener mil veces, tantas como visitas a vuestra apestosa oficina”. Más mal rollo, la entrevistadora me mira, y cuela a otra tipa que ha llegado detrás de mí. Bueno, que más da si estoy al lado de casa. Y llega el momento. Estoy sentado de espaldas a ella y de reojo la veo acercarse a mi con sigilo. “¿Perro Flaco J.? Soy Krustyna, tenías una entrevista conmigo ¿verdad?”, me dice con miedo. Pensé “no, creía que esto era un cine y me he metido, ya ves”, pero me limite a mover la cabeza de arriba a abajo.

Me mira de los pies al gorro. Mi gorro azul. Me gusta ponerme mi gorro azul, me tapa el poco pelo rizado y encrespado que me queda. Sonríe y no sabe por donde empezar. Joder. “Eeeh ¿por qué estás interesado en el puesto?” y preguntas similares me atraviesan, que si los motivos por los que terminé anteriores trabajos y etc. Muy típico. Sigo el guión de la entrevista, me burlo un poco de ella y la suelto frases de corrido como si fuera un actor malo de teleserie española, a ver si se da cuenta de lo que quiero.

Déjate de historias, quiero ese trabajo, que es una mierda de las mismas dimensiones pero pagan más, y estoy ya bastante cansado de esto como para jugar a las apariencias otra vez..

La descoloco, no la encajo. No encajo. No parezco un borreguito, ni voy con cremita en la cara y sonrisa postiza. La mía es natural, irregular, nerviosa.

Pero lo tiene muy fácil para vengarse desde su mundo de superwomans oficinistas, chics, arregladitas: “Bien, Perro... ¿o te puedo llamar Perri?. Pues Perri, ya sabes que te llamarán para hacer una segunda entrevista con la empresa. Y ese día, intenta ir un poco más arreglado”.

¿Arreglado? CREÍA que iba arreglado [...] No suelen ser tan directos, los hijos de putas (de varias putas). Normalmente te lo sugieren dando un rodeo, y añaden eso de “ya sabes como son las empresas”.

Y aparte de esto: si se trata de un trabajo para patearse la calle durante siete horas ¿para qué coño quieres que vaya arreglado a la entrevista?, digo yo.

Le he comentado a Lorena que desde que empezamos a pasarlas mal y a meternos en líos, los dos hemos perdido la noción de nuestra imagen exterior. Vamos que a lo mejor creemos que vamos bien y estamos hechos una pena. No sé.

Bah, seguro que ni me llaman. Cada vez se nos exige más imagen, más pose y menos aptitud. Y creo que yo no me muevo bien en ese terreno. Pero si me llaman no me voy a quitar el gorro.

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02 diciembre 2005

Con este cha-cha-cha, el cha-cha-cha del tren

Esto va muy rápido y salta mucho mucho. Estoy inmerso en la idea del cambio de trabajo, porque noto que reincorporarse después de un periodo largo de baja no está muy bien visto, ni por la empresa ni por tus inmediatos superiores, a pesar de que sean un cero a la izquierda como tú. Se ve que eso está mal. Lo de estar de baja, digo.

Así que de nuevo, tanteos, entrevistas, gente estúpida, amago de cursos de formación no remunerados, teleoperadores... Joder, empecé a trabajar en el sector y me he dado cuenta que es como una secta. Entrar es fácil pero de aquí no se sale. No sales porque te echan, necesitas dinero y lo primero que encuentras es otro infraempleo de lo mismo que es lo que más se ofrece y al fin y al cabo te dices, "bah, ya con experiencia, me pillan". Últimamente me estoy vendiendo un poco mejor para otras cosas, pero aun así lleva tiempo, el mismo que luego se te echa encima, y los pagos... así que a teleoperar de nuevo. Bueno ya hablaremos del tema.

Por otro lado he estado K.O. gracias a un virus supongo que griposo, pero que el domingo se me agarró al estómago... Lorena ya estaba avisando a los de la funeraria, por si acaso.

Y lo llevo arrastrando toda la semana. Febril y sudoroso, me presenté anteayer a un curso de formación. El trabajo: teleoperadores para informar al ciudadano de una nueva legislación, en horario de mañana. Una mierda, pero lo tenía al lado de casa, a cinco minutos andando. Me vi rodeado de oficinistas y marujas resabiadas, chicas escondiendo detrás de su excesivo interés en un trabajo tan mierdoso un complejo de inferioridad galopante, y demás. Encima gente de turno de mañana, que son lo más repelente y trepa. En los trabajos de tarde encuentras bohemios, locos, trasnochadores, raros...

El curso iba bien, una científica explicando la ley y sus circunstancias el primer día. Muy bonito, y tal. El segundo, dos señoronas y un tipo, importantes ellos, que han redactado la ley para el gobierno y tal entran en profundidad. Je, je, ji, ji. Interesantísimo.

Para colmo, ayer me encontraba peor, más fiebre, nebulosa, dolor de garganta, olor a enfermo, cansancio... y oculto debajo de un gorro, un poco descuidado. Incapaz de hablar y pensar, casi.

Eso no tendría más importancia si no fuera porque, a mitad de este segundo día, nos sueltan los capullos que el número de puestos de trabajo es inferior a los asistentes al curso, así que tendrán difícil la elección, porque todos somos muy buenos, bla, bla, bla.

¿Qué paso? Que todas y todos sacaron las garras y los cuchillos y se lanzaron a degüello unos sobre otros. En fin... y yo allí, alucinando. Por un trabajo de teleoperador ¡¡y temporal!! Además, mi posibilidad de defensa estaba reducida tal y como me encontraba. Así que a pesar de que casi nadie tenía ni zorra de lo que decía la ley ni como deberíamos informar a la peña, quedé un poco en retaguardia.

Y en un momento dado, me di cuenta de que estaba nominado. El tipo importante le cuchicheó algo a la técnica y justo después me miraron los dos. Sí. Iba hecho una mierda, con aspecto de enfermo terminal. No era la imagen que andaban buscando, aunque me exprese con corrección (recordemos que se trataba de atender el teléfono, pero bueno).

Al rato empezamos a trabajar en grupos, haciendo simulaciones de llamadas. Mientras tanto, ellos nos controlaban y tomaban notas sobre como lo hacíamos. Bien, pues al llegar mi turno para exponer preguntas al resto, uno de los formadores me frena en seco a los dos segundos. “Bueno déjalo, que ya no hay tiempo”. ¿Estaba claro, no?

Hoy era el tercer día, pero no he ido. Paso de perder el tiempo, que no me lo paguen y al final no sirva para nada. Me he levantado bastante malo y estaba lloviendo. Ya encontraré algo. Yo no me voy a pegar por ese trabajo.


PD: A última hora de la tarde, la ETT me ha avisado amablemente por SMS: No he sido seleccionado para el puesto. Se podían haber ahorrado el mensaje, yo no tenía niguna intriga ni me comía las uñas por el nerviosismo.

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08 octubre 2005

Bota, bota, la pelota loca

El último sueño raro que me da vueltas desde que ocurrió, hace ya una semana:

Jugaba un partido de fútbol, con otras personas, ya de cierta edad. Con toda la pinta de ejecutivos-que-practican-deporte-el-fin-de-semana. Pero no era algo serio. Vamos, que no estábamos equipados, ni había campo, ni árbitro... Jugábamos en un parque, y las porterías eran huecos entre dos árboles.

Lo curioso del parque es que era una especie de montículo pequeño, elevado. Alrededor, nada. Si te acercabas al borde del altillo podías ver la calle, los coches, edificios... ¡pero a cuarenta metros por debajo!

No había forma de bajar ni subir, al menos que yo supiera. El parque no estaba rodeado de terraplenes ascendentes o de escaleras. Parecía una elevada sección montañosa cortada en vertical y plantada en medio de la ciudad...

Todos estábamos en una especie de gran esplanada central, de tierra, rodeada por un pequeño círculo de arbolado que formaba el perímetro del islote. Tras los árboles, el gran salto al vacío.

De pronto, entre una maraña de jugadores, la pelota rebota en alguien y sale disparada hacía fuera. Se dirige a la zona arbolada, y lo que es peor: si la traspasa, a la calle en caída libre.

Salgo corriendo tras ella. Desde el otro extremo también empieza a correr en pos del balón un hombre de pelo cano, y cara chupada. Parece del equipo contrario. Y la cosa está disputada. El que llegue antes, saca. Es de ese tipo de lances en los que no se sabe quien ha sido el último que ha golpeado.

Parece que llego, que evito que la pelota caiga. Pero no... el balón entra en la zona arbórea, rebota en un par de piedras y toma velocidad. Me lanzo al suelo. Hay un pequeño desnivel que me ayuda a deslizarme, pero tengo que tener cuidado; demasiado impulso me haría caer y espachurrarme contra el asfalto.

Casi la toco con el pie, aunque al final, pega un bote y salta. Adios. Ay, no tengo tiempo de lamentarme, la inercia me arrastra al vacío. Me agarro y trepo hacía arriba. No freno... sí, ahora. Me he salvado, pero creo que estoy triste. Me invade el desasosiego. Se ha perdido el balón. Ocurre en menos de un suspiro.

Sigo tirado en el suelo. Décimas de segundo después, aparece corriendo mi contrincante. No frena, sigue detrás del esférico. Si sigue se va a tirar. Pero no me asusto. Me supera, va directo hacía el abismo. No le miro. No escucho nada, no hay golpe, ni grito, no suena el chof. ¿Habrá algúna manera de bajar? No. Sin embargo, corría muy seguro, como si la hubiera.

Fin de la historia. Un despertar brusco.
[...] Lo más curioso es que el día que empezaba tras el sueño iba a ocurrir algo que me hacía mucha ilusión, pero que me tenía por otro lado como un flan...

No teman, aquello salió bien.

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20 septiembre 2005

Contazto zin tazto

PIIII, PIIII....
LOCUCIÓN: ¡Bienvenido a la línea de contactos más sexy, donde podrás hacer realidad todas tus fantasías! Recuerda que el precio de esta llamada es de...

Datón pulsa el asterisco.

¡PIICH!
LOCUCIÓN: Si quieres hablar con alguna chica en concreto, pulsa su código.
DATÓN: Uno (PI)... tes (PI)... cuato (PII)... cinco (PII)
LOCUCIÓN: Has decidido hablar con.. ¡uno! ¡tres! ¡cuatro! ¡cinco! Pulsa asterisco si es corr...
DATÓN: ¡Que zi, coño! (PIIIIII)

Se escuchan unos tonos.

PUUUU, PUUUU, PUU...
SHIRA: ¡Hola! ¿Qué tal?
DATÓN: Hola Zhida, zoy Datón.
SHIRA: Uy, Datón, ¡cuánto tiempo, corazón!
DATÓN: Zhida, edtoy addiendo, oog, edtoy muy cadiente... Eztoy tumbadito en la cama y penzaba en tí....

La voz de Datón se arrastra entre el babeo y la excitación.





SHIRA: ¿Quieres saber que llevo puesto mi amor? Mírame, una faldita corta, sin ropa interior, y un top muy, muy ajustado...
DATÓN: Yo eztoy deznudito, sólo ed tedéfono y mi piel... ¡Quítate la dopa Zhida!

Se escuchan unos ruidos. Datón se imagina a Shira sin ropa, aunque en su mente se cruzan fugaces imágenes de la chica riéndose con lágrimas en los ojos mientras frota el auricular con un papel, a las que prefiere no hacer caso. Entonces, se vuelve a concentrar.

DATÓN: ¿Zhida? ¿Estaz deznuda?
SHIRA: Sí mi amor, desnudita para tí. ¿Quieres hoy mi culito?
DATÓN: Ez quee... te voy a haced pupa.

Datón piensa en Shira con su micrófono convertido en supositorio.

SHIRA: Oh cariño, estoy mojada y lubricadita. Además, es un culito muy grande.
DATÓN: ¿Muy gande? ¿Cómo de gande ez?
SHIRA: Um, pues...como el de un Trisky, por lo menos.
DATÓN: ¿Entadá ahí mi Guzanito Dizi?
SHIRA: Pfff. Datón no seas modesto, lo tuyo es un Calippo.
DATÓN: Zi, ez veddá. Eztá congelado de no uzadlo, znif, znif...
SHIRA: Oh cariño, yo te lo derretiré... ¡Oh! ¡Ah! Deja que pruebe un poco.... ¡Um que gordo! Así, por los laditos....

Datón se lleva la mano a su costura inferior y la mueve de un lado a otro. El relleno de serrín se va convirtiendo en la nariz creciente de Pinocho.





DATÓN: Ay, cielo, no puedo maz, ¡voy a eztallar!
SHIRA: Um, entra en mi guarida, ratoncito.
DATÓN: ¿No habá una tampa dento, veddad?
SHIRA: ¡Aaahhhggg, ooouuummm, uuuuuuyyy agggggooooool del Betis! Vamos, mi amor, dámelo, dámelo todo.

Datón piensa en la pasta de la factura que le tendrá que "dar" a Telefóbica, y en su paupérrima cuenta bancaria. La cosa baja un poco...

SHIRA: Ohg, um, ho-ho-ho-hooo, uh-ha, kung-fu fighting.... ahhhh, um que bien, que dentro...
DATÓN: ¿Zhida? Ehh. Zhida... que no me coddo.
SHIRA: Uumm, ahhhh... ¿qué?
DATÓN: No me coddo, bonita. Tal vezz zi quedadamoz en pezzona...
SHIRA: Ya cariño, pero tú sabes que yo sólo llamo aquí para hablar y pasar un buen rato. Una vez quedé con un chico de la línea y la experiencia fue muy traumática para mí, y bla, bla, bla...
DATÓN: Zi, ya , cado. Bueno adioz, y que apoveche.
SHIRA: Oh cariño, ¿cómo quieres que te..?.

¡CLONK!

Datón cuelga con rabia. Mira entonces, insatisfecho, a la Osa Amorosa morada que tiene cerca y decide acercarse para invitarla a comer en la cocinita de la Sra. Peppis. A ver si esta noche hay sexo peluchil real.

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06 agosto 2005

Salvamento a 45 revoluciones por minuto

Javi se partía de risa mientras yo intentaba poner fin a aquello lo antes posible. Iba sacando más y más cajas de discos que acababan en el maletero de su coche. Era un poco embarazoso, pero estábamos contentos. Sobre todo Javi, casi más que yo, y eso que todas las cosas que estábamos recuperando eran mías.

Recuperando después de tres años. Como un regalo, porque había prácticamente olvidado gran parte de todo aquello. Eran casi unos quinientos singles, cien LP’s, unas cuarenta pelis y cincuenta cassettes con grabaciones. En realidad una pequeña porción de toda la colección, pero entre ella se encontraban los singles más significativos, la música más rara, los que me gustaban siendo un enano, los de mi padre o los que pinchaba en el programa y eran causa de estupor o risas a mandíbula batiente. Una pena perderlos por los buenos momentos en la radio. Valor sentimental creo que lo llaman.

Mientras tanto, Juanma, la persona que había guardado este tiempo –y no sé por qué- los tesoros, nos iba contando la otra parte de la aventura: como había sufrido las amenazas de la inquilina del piso y su troupe, y los malabarismos que había tenido que hacer para que se fueran.



"Las latas, los briks y el cine basura en la bolsa amarilla"


Empecemos: Hace más de tres años terminé la relación con mi ex, y pude sacar algunos de mis enseres de su casa, pero no todos. “Bueno”, le dije, “como tú estás aquí, cuando pueda iré recogiendo lo demás”. Quedaron libros, discos, videos, ropa, la tele, um, no sé, bastante más, ya ni me acuerdo. El caso es que confiaba en ella, era buena chica, y al fin al cabo sólo eran cosas...



Al poco mi ex y su hermana acabarón metiendo en el piso a todos sus parientes, y para colmo a una inquilina verdulera que apalancó allí a su familia política. Tanto follón acabó mal -a ver- y tuvieron que irse. Llamaron al casero, y cuando llegó el hombre, se encontró con el pastel. Seis o siete personas que se iban, facturas de luz y gas sin pagar y lo peor, otros cuatro o cinco seres dentro del piso, por la gorra. Y mis cosas.

Juanma entró en cólera y amenazó con denunciarnos. Claro, allí estaba mi firma, en el contrato. Tenía que haberlo cambiado, si ya era el malo de la historia, tenía que haber sido el más malo. Pero no, fui el más tonto.

Es ahí cuando me entero de todo lo de más arriba, me lo cuenta Juanma cuando me llama para saber que pasaba. Quedamos unos días después en la puerta de la casa. Me dijo que le debíamos pagar unos 300 euros por las deudas de luz y gas, a 150 cada uno. Aunque yo llevara dos meses fuera del piso.

En aquel entonces me encontraba en la miseria más absoluta: estaba sin un duro, buscando trabajo, y no podía pagar aquello. Es lo que le dije al casero en aquella cita. A lo que me contestó que no me permitiría acceder a la casa para recoger lo mío hasta que no le hubiera entregado las pelas. Si no lo hacía, estaba dispuesto a venderlo todo, al peso. Y mientras hablábamos, por allí paseaba con todo descaro la inquilina, que le prometió delante de mí al casero que se iría en quince días.

Seis meses después, volví a hablar con Juanma para ver si conservaba mis cosas, y me contó que tenía guardados al menos los discos y los videos, y al parecer nada más. Había vendido el piso de Torrejón. Adiós a lo otro. Me advirtió: “No tardes mucho, que me hace falta el hueco”.

Pero tardé. Pasó un año, dos...y en todo este tiempo no pude guardar 150 euros libres para dedicarlos a esto. Así de mal me ha ido, señores. Mal de pelas. Mal. pero contento.

Hace poco, encontré un recibo de alquiler de Juanma con sus datos. Probé. Las cosas, aunque parezca increíble, seguían en su poder y era el momento de rescatar el botín. Conté, claro, con la ayuda del nunca bien ponderado Javi Starboy para la operación; hace un par de semanas nos fuimos en su coche hasta Meco. Allí nos esperaban Juanma y su mujer. Ella parecía desear que acabara todo de una vez y él, muy amable, nos ayudó a sacar las cosas mientras nos contaba la otra parte de la historia:

La inquilina y sus palmeros habían echado raíces en el piso de Torrejón. El hombre no sabía como echarla, así que lo vendió y le dio una importante suma de dinero más la entrada de otro alquiler a cambio de que se fuera. Todo esto entre amenazas de muerte a su mujer incluidas. Todavía con cierta excitación en su voz, Juanma me aseguró que había perdido diez kilos en un mes, del stress.




Aun no me explico como no pagó a dos honorables ciudadanos de la Europa del Este para que me esperaran a la salida del cine, no precisamente para saludarme.

...Y habia guardado todo aquello. Tres años. Alucinante. Juanma sabía el valor de toda la caspa que tenía allí guardada, o al menos eso nos dijo.

Las cajas con discos no paraban de salir, y a Javi le entró la risa. No imaginaba, o no recordaba que tuviera tanto disco. ¡Pero, a ver! ¡¿como se aderezan más de cuatrocientos programas de radio sin apenas repetirse?!

Lo cierto es que perdí muchas otras cosas de un valor económico más gordo (lógico, los okupas vendieron cosas, se fueron unos, quedaron otros, también sin pelas, luego se fueron... mucha gente paso por allí), pero eso no me ha importado nunca. Es más, ya ni recuerdo que pudé olvidar.

Con nuestra Gratitud Kromosomática eterna, nos fuimos. Para la historia quedan estas fotos del maletero de Javi antes de volver a Madrid.




"El saber sí ocupa lugar"


Llegamos al centro y Javi me ayudó a subir los trastos. Lorena flipó al ver todo aquello. Es demasiado. En la buhardilla ya no caben más cosas, así que lo he escondido todo bajo la cama, como un amante furtivo. A este paso vamos a tener que dormir en el pasillo...

Es como una especie de síndrome de Diógenes incipiente. Nuestras cosas nos echan de casa.

“Me encanta que los planes salgan bien” decía el difunto Annibal en mi cabeza (qué original soy en las referencias ¿eh?).. Pero no, coronel, no todo pudo salir bien. Al bajar a la calle, Javí se percató de que le habían clavado una multa en el coche. Mi calle es peatonal, y sólo pueden acceder los residentes con un permiso. Una excusa para multar, vamos. Pero ¿quién ayuda a los que no tenemos coche? A ver si puedo hacer que a Javi le retiren la multa, alegando que soy residente, y se trataba de una urgencia. Y si no le echaré un cable para pagarla.

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16 julio 2005

Lápiz y Papel

[...] El año pasado dejé de hacer radio por un tiempo. Fue un adiós temporal, abocado por la situación y por hastío. Aun así creo que más pudo el hartazgo que lo incierto de mi vida entonces. Si hubiera estado motivado, no habría dejado el programa, claro. Pero llevaba ya un par de años un poco más flojo, sin ganas, funcionando por inercia radiofónica, y si además mi vida no acompañaba, razón de más para tirar la toalla.


La web la he ido sacando a duras penas, sobre todo porque no siempre he dispuesto de conexión a internet en los sitios donde he ido viviendo. He sido un cyber-outsider. Aun así, en las peores épocas por poco que fuera, algo escribía.


Me gusta escribir. Aunque lo haga mal. Y me gusta la radio. Para mí son vida. NO son hobbies, son mi forma de expresar neuras.


Desde finales de 2004 tengo un par de ideas que me motivan: un nuevo proyecto de radio, y un guión para cortometraje que voy a intentar rodar este otoño. Sin un duro. Sólo con una cámara, un par de amigos, una actriz desinteresada y un PC. Cutrecinema de campaña.


Lo del corto me da más reparo que el nuevo programa. Mi último intento cinero data de 1997 y fue un corto inacabado, pendiente –aún- de revisión y montaje. Estoy en ello. Pero llevo en ello siete años... La cosa era una mezcla entre cine mudo y Parker Lewis. Eran un montón de planitos muy cortos. El primer día me lié con el orden de rodaje y al final tuve que correr la maratón y rodar a la toma, a lo Roger Corman.


En aquel corto me gaste algo de dinero. Por algún motivo que se me escapa, todo este tipo de cosas artísticas requieren cierta pasta y calma, lo que las dejan en manos de las clases pudientes y ociosas. Y es injusto. Por eso simpatizo con el arte basura.


Pero cualquier cosa que hagas ¿eh? Si quieres escribir, necesitas material, constante gasto en tinta y fotocopias, envíos certificados a certámenes (todo esto lo sé por Lorena, que gracias a EC no ha dejado de escribir nunca, a pesar de sus cosas). Si pintas, ya ni te digo: óleos carísimos, caballete, lienzos de determinados tamaños y texturas... Y si haces cortos (en vídeo, claro), cintas, equipo, alquiler de material por poco que sea (aunque si le echas imaginación con los flexos y halógenos de casa, puedes ahorrar bastante), bocatas para todos, pasta para fotocopias...


Volviendo a ESTE corto, he escrito un guión de manual. Como un ejercicio. La idea no esta mal, pero la historia es muy sencillita. Me he tomado mi tiempo, eso sí, en construir al único personaje presencial y no he metido paranoias.


Quiero decir, me he planteado “voy a rodar esto, sencillo, para ver si valgo, o ya dejo el rollo de los cortos forever and ever” (bueno, aunque ya no dirigiera, seguiría escribiendo guiones).


Que es mentira. Que haciendo cortos no se liga.


Para no perder comba, me he puesto a buscar actrices y demás nada más terminar de escribir y voy a intentar que todo ruede esta vez. Y sobre todo, que lo pasemos bien. Aunque luego resulte una piltrafa (que lo será) al menos que nos hayamos reído. Aunque sea de mí.


Por cierto, recuerdo especialmente el día que terminé el guión. Estaba con Lorena y Dani en un Vips. Yo no entiendo lo de Vips. No es más que un sitio caro de comida basura. Pues está siempre lleno. Es el Burger de los pijos, que van como cromos a comerse una brocheta. Si no fuera por los cheques que dan, el batido de chocolate y lo bien que se estudia o escribe allí nos iban a ver mucho el pelo, sí.


Bueno, para ser francos había un Vips que era diferente. Pero claro, no le tenía que salir rentable a la familia Arango y al final lo acabaron estereotipando. Era el antiguo City Vips –hoy Vips a secas- de Fuencarral, en la Glorieta de Bilbao. Para quien no lo recuerde, aquello era un buffet autoservicio con unos salones ambientados en diferentes ciudades: Nueva York, Pekín, etc.Lo bueno era: a) Que podías entrar, llenar dos vasos de agua y estar allí toda la tarde. Sin consumir. b) Incluso podías traer comida de fuera en un tupperware, coger con todo descaro un plato vacío del autoservicio y comer la chicha de tu casa sin llamar la atención. Lorena y yo nos llevamos unos macarrones con tomate un día que nos zampamos estupendamente. c) La facilidad con la que podías meter los objetos robados de la tienda al restaurante, esconderlos allí y salir como si nada. Por supuesto, objetos sin “pita”. Que se jodan. d) Que se comía distinto a los otros Vips, la comida estaba buena y todo, increíble, y más económica. Esas ensaladas autopreparadas van a permanecer durante años en mi paladar.


Al final los que nos jodimos fuimos nosotros, que se lo cargaron.


Allí pasamos muchas tardes estudiando después de que Lorena dejara el hospital, o otras tantas gastándonos el dinero que habíamos ganado tocando la guitarra. O conociendo a personajes como León, el escritor, y a su amigo, dos intelectuales maduros del Nuevo Mundo. León estaba siempre en la misma esquina del City Vips, escribiendo, lo que al final supimos que era una novela. Era un viejo desaliñado que hablaba muy vehementemente y vivía en una burbuja. Lo habíamos visto durante muchos días y despertó la curiosidad de Lorena que después de un mes se atrevió a preguntar sobre lo que estaba escribiendo.


Aquella noche a León le acompañaba un amiguete, un poco más caradura. Nos invitaron a tomar algo, y a contarnos sus historias. El escritor, al parecer, había sido un presentador televisivo de éxito en su país. Vino aquí con la vida resuelta y vivió acomodadamente en una gran vivienda... hasta que se cansó, dejó a su esposa y a los niños y se piró a malvivir a un estudio en Malasaña.


El otro, el “amiguete” había hecho de todo, hasta radio con Cristina Tárrega. Cosa que pude llegar a creer, pues me contó algunas historias de la diva que coincidían con lo que sé de ella y que sólo circulan en ambientes radiofónicos.


Por lo visto, León y él organizaban cada quince días en los salones del City Vips, por supuesto por la cara y sin necesidad de tomar nada, una serie de debates y charlas en las que se congregaban jóvenes artistas, poetas, escritores y se hablaba de filosofía y cultura demasiado culta.


Aquella noche León se marchó a su casa sin decir adiós y el otro, nos metió en un taxi mientras nos hablaba del significado de las marcas de las mujeres indias en la frente y de los pequeños pies de las chinas como fetiche sexual. A pesar de nuestro aspecto mundano, nos llevó a un club clandestino escondido en una imprenta, cerca de Bailen, dónde nos tomamos algo y acabamos el trayecto.


No los volvimos a ver. Ni a ellos, ni a los jóvenes artistas.

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05 julio 2005

Presencias Extrañas en el Autobús Nocturno

Por las noches, cuando regreso del infratrabajo a eso de las doce y me da por ir en autobús en lugar de dar un paseo -el metro es agobiante y tarda mucho a esas horas-, me encuentro en la parada de la Estación Sur (Méndez Álvaro, Madrid) con el mismo grupo de personas, con su rutina, sus horarios, su bus puntual, su cara de trabajadores anodinos... Me tienen por un bicho raro porque abandono la parada para comprar un refresco o bien me voy (decido de pronto ir andando, es viernes y el bus va hasta arriba de gente, me harto de escuchar sus conversaciones...)


Una teleoperadora argentina, una empleada de gesto triste de algún restaurante de la estación y desde hace un par de meses un hombre bajito, con el pelo teñido y camisas floreadas. Este último se queda detrás de la marquesina y empieza a hablar con los yonquis que pululan por allí o con los conductores durante el viaje. A veces, cuando paso cerca, me mira desde abajo con una media sonrisa. Yo aparto la mirada, en fin, que eso no es lo mío... Unos cincuenta. Rostro familiar.


En ocasiones pienso que es un proxeneta de algunas de las muchas prostis que pueblan la zona, que vuelve de dejar a sus chicas en el lugar de trabajo, o bien alguna vieja sarasa buscando marcha con jovencitos. Pero me suena mucho, cada día su rostro me resulta más conocido, y entrañable.


Pienso, “a este hombre, um, a este hombre le conozco. Tiene pinta de personaje nocturno, un poco volado... pero me suena, ¿será un actor decadente?” Esta vez subo tras él al autobús, y el busero me pone en la pista: “¡Hola Tony!”


¡¡Sí!! ¡Ya sé quien es! ¡¡Es Tony Genil, el cutreheroe musical!! Mis ojos no me engañan. Tony Genil, al que pinchábamos mucho antes del boom de Tamara y compañía en el programa de radio con sus temas alucinógenos... Ese hombre...


Curioso. Él no se acuerda, o sí, pero ya nos conocemos. Además de cantante (sic) Tony se había dedicado a la radio, y tuvo un programa de copla en una emisora donde estuve trabajando un tiempo. No coincidimos nunca en los estudios, pero nos lo presento el director de programas en una fiesta a Javi, uno de mis compañeros, y a mí. De esto hace ya mucho. Antes de todo lo suyo, como digo.


Hoy, un tipo le grita algo con sorna: “¡Cántate algo, Genil!”. No es lo habitual. Suele pasar inadvertido dentro de su peculiaridad, por la noche la gente esta harta de ver gente extraña. “La tarara”, responde. Le miro. Le voy a hablar, pero me vuelve a observar con esas cejas y sus ojos de rata y me corta un poco ("que nooo, que no ando buscando plan"). En el fondo me río. ¿Cómo no me he dado cuenta en todo este tiempo? Jo, jo...


¿Que hace este personaje todas las noches tomando el N11 en esa zona? ¿Por qué viaja en autobús? ¿Cómo es su vida de telefreak en proceso de borrado de la memoria colectiva? Permanezcan atentos a su pantalla.


P.D: No es la primera vez que tengo un extraño encuentro en un bus. Hace años, en otro nocturno se sentó a mi lado Pablo Sebastian, por aquel entonces más conocido como “El Pianista de Cine de Barrio”. No sé por qué motivo -¿dónde me verán el punto amanerado?-, éste también se pasó todo el viaje lanzándome miradas de complicidad, mientras yo giraba la cabeza para comprobar si era él de verdad. Y lo era.

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15 febrero 2005

Towering Inferno Revisited

...después de una hora, la idea empezó a rondarme por la cabeza. Cogí el metro y volví de paseo por el que fue mi barrio hasta los veinte, cavilando ideas para fotografiar "la cosa". Ya lo sabía, era una paletada. Sólo había que ver como aquello parecía una peregrinación a Lourdes, cámara en ristre... y un silencio en la gente, un rictus... Por eso quería darle una vuelta de tuerca. Conozco la zona más o menos bien todavía, y así entre un decorado y otro me ha dado por tematizar las fotos, chisposo que es uno, relacionándolas con asuntos de actualidad. Vamos, ni Globomedia. Aquí va una muestra de las fotos que tiré, juzgad vosotros mismos. ¡Ah! Son 100% Photoshop free, ni retoques ni ostias:



"Fumar puede matar"



"La Constitución está quemada"


"Flambeados para tí"


Para mí tiene su gracia: he crecido, estudiado allí (el parque de los Ministerios era el punto de reunión, charla y partidos con los amigos, justo debajo, y mi instituto estaba al lado), mis primeros y torpes (como los últimos) intentos de acercarme a una chica han ocurrido en los bares de mal rollo de la zona, y me he comido cientos de sandwiches del Corte Ingles justo debajo del mamotreto, que se levantaba entonces fastuoso, y ahora da pena verlo. Y un poco de miedo.


Pero es sólo un puto edificio, así que no sé a que viene tanto bombo. Un puto edificio de oficinas donde explotaban a un atajo de jovenes ejecutivos, altamente explotables. Unas empresas como las que puedan explotarte a tí o a mí. Se ha quemado, bien. Y no ha muerto nadie ¿no? Pues ya está. Menuda tragedia. Ahora, como espectáculo pirotécnico no tuvo precio.


Me alegro porque el negocio del 2012 se le va a ir a estos al garete. Soy anti-2012 ¿qué pasa?

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