Fin y créditos
Además, por mucho que lo escriba, seguiré viviendo situaciones raras, coincidencias desesperantes y apuros sin fin. Por más que yo no lo desee. El blog no va a exorcizar todo eso. Y aunque hay que vivir para escribir, o eso dicen, tampoco quiero vivir todo aquello con el único fin de escribirlo. Ni escribir todo lo que vivo, claro. Ya sabes, coge un círculo, métele mano y se volverá vicioso.
La otra cosa mencionable es mi vuelta a la radio. Al final fructificó la cosa y aunque no es lo que quería hacer puramente, la idea va tomando forma. Animé a Javi cuando su programa con José Luis agonizaba, aprovechamos la muerte y aunque nadie nos lo puso fácil, conservamos la hora de emisión. Había hablado con varias personas con la idea inicial de aquel programa y para completar el elenco tuve una corazonada con una de las chicas con las que hablé, Silvia, una actriz metida en mil cosas –en la actualidad trabaja en TV- que quería probar en la radio. La tía es muy buena, aunque nos queda ensamblar el engranaje entre Javi y yo, que nos conocemos de sobra a pesar de los parones, y la forma de actuar de ella.
PD: Ah, por cierto. Mi último trabajo complementario me ha reportado una pequeña venganza.
En el turno de fin de semana que estaba cubriendo (nótese que hablo en pasado) prácticamente no podía moverme de mi puesto, ya que salvo un par de horas estaba atendiendo yo solo el servicio. Para no perder llamadas, y rayando la ilegalidad la empresa sólo daba un descanso de comida de quince minutos para ocho horas de trabajo, más las pausas por uso de monitores que mal que les pese son obligatorias. Me tomé todas las que me correspondían y la supervisora se acercó para dejarme caer que no dejara el servicio abandonado, que adelantara las pausas o me saltara alguna y retrasara la comida... Huelga decir que a mí esto me resbalaba y me tomé las pausas cuando me correspondían y con la duración marcada.
Al fijarme en la mujer esta, la que cortaba el bacalao allí, me di cuenta de que iba de jefaza y que debía serlo, pero que además tenía instalado en la propia empresa un pequeño estudio de grabación donde ella se metía de vez en cuando a locutar.
Pensé que se trataba de grabaciones para la propia empresa, no en vano desarrollan servicios de máquinas de reconocimiento de voz, y aquello me llamó la atención...
Pero al poco la escuche hablar sobre “el guión que estaba escribiendo esa semana“ con otra chica. Eso, y unos comentarios sobre la preparación y cultura de Boris Izaguirre (ejem) me dejaron con la mosca detrás de la oreja, hasta que la maté. Busqué en internet y ¡voilá! Por azares del destino, descubrí que la tipa es la guionista principal y voz en off del programa en el que estuve a punto de trabajar como redactor, de no haber sido por una niñita enchufada y un productor cobarde.
Digo yo que, mientras trabaja en la productora aquella y escribe para la tele, debe tener participaciones en esta empresa. Putas empresas medianas.
De hecho, al verme me dijo que le sonaba de algo. Lo cierto es que a mí me pasaba lo mismo con ella. Claro, de pulular un par de veces por la productora. Hay que joderse, las cosas que me pasan. Yo por supuesto no dije nada. Pensé en forzar la situación un poco en plan “Uy ¿escribes? Yo también...” y llegar a la casualidad, para soltarle después lo necios y rastreros que me habían parecido sus compañeros, y lo decepcionante y nefando que era el programa tanto en el guión como en la puesta en escena, interpretación, etc. Pero, maquinador, me callé.
Un poco rebotado y a traición, el fin de semana siguiente me puse malo y no me presenté a trabajar. Y sin avisar, ya que en la ETT el sábado no trabajaban ni las ratas. Ya me imagino a la tipa recolocando y doblando horas a la otra chica, que más que una trabajadora parecía una lacaya y cubriendo ella misma la línea de atención. Ja, ja, ja. Ya, ya sé que es una tontería y tal, pero me hace gracia.
A los dos días me llamó la ETT para preguntarme por mi ausencia, para saber si tenía justificante de la misma (por supuesto, no soy tan estúpido) y para decirme sutilmente que la empresa había reducido horas de trabajo y yo entraba en esa reducción (lógico; una reducción de horas cuando estaba yo solito y apurado para atender tanta llamada).
Así que me echaron, pero ha sido el despido más placentero en mucho tiempo.
Etiquetas: A Perro Flaco Todo Son Pulgas














