21 diciembre 2007

Salvados por la red (el salto de la rana)

Internet es la salvación del periodista-redactor-becario-editor necio. ¿Te has fijado en la cantidad y cantidad de programas de tv y radio, revistas y periódicos, etc. que rellenan su tiempo y espacio (o en muchos casos lo salvan) con contenidos y datos chupados del ciberdespacio? Los programas de medios clásicos se nutren del Youputube, de portales de humor o de páginas de “noticias curiosas” para cubrir su tiempo de emisión, su expediente, y de paso su cupo publicitario.

La situación es patética, porque a estas alturas de la película, I-net está muerto, incinerado y enterrado. La fiabilidad de los datos es ínfima (cada vez hay que armarse de mayor paciencia y valor para verificar informaciones); un tullido mental o un paranoico pueden colgar lo que quieran y darlo a conocer sin tener ni pajolera idea; las páginas oficiales están filtradas a conciencia y la mayoría de los blogs son lamentables calcos de opinión de los mass-media, sin (casi)nada que aportar.

Pero lo peor, lo puto peor, son las entrevistas. Las entrevistas en la tele. Son ridículas, sobre todo en programas del nuevo estilo “buenrollismo ilustrado”, tipo Buenafuente o Segura. Entre que los redactores y guionistas prefieren sacarse una pelotilla de la nariz (como diría mi buen amigo Starboy) a darle a las meninges, y que este tipo de producciones audiovisuales esconde un complicado entramado de subcontratas, amaños y abusos nada motivantes, la cosa resulta de risa.

Lo interesante de entrevistar a alguien es que el tipo o tipa te cuente las anécdotas de su propia voz. Pero ahora no, ahora con Internet, la idea es que yo, como entrevistador, le lanzo una curiosidad muy curiosa de su biografía al entrevistado (que mis redactores han encontrado en la primera página que les ha lanzado Google al meter su puto nombre), y además yo mismo le doy la respuesta. Lo adorno todo con un chiste de guionista meningítico y al invitado sólo le dejo la opción de apostillar o reírme la gracia.

Y ya van más de una, de dos y de diez ocasiones en que ese dato no es correcto, le ocurrió a otra persona, esta equivocado o directamente es más falso que la intención de entretener al público de Antena3.

En ese momento, el entrevistado se ve obligado a corregir, y dejar -pongamos por caso- a Buenafuente en la más absoluta de las miserias audiovisuales, de la que saldrá improvisando como pueda gracias a su mayor o menor pericia. Las miserias económicas las pasará el guionista al abandonar su puesto de trabajo a la mañana siguiente. Por inepto.

Buscando al idiota del guionistaEh, que no digo que me parezca mala fórmula, pero si al menos estos expertos redactores, niñatos de veinte años que escriben al son que les marca el flautista de Hamelín de turno, se molestaran en contrastar los datos que encuentran, los espectadores nos reiríamos con los programas y no con sus meteduras de pata...

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