Nuestro hombre en la sombra
Nuestro amigo Jorge, colaborador y mecenas en ocasiones, falleció hace unos meses de manera repentina. La noticia nos ha llenado de pena y estupor y es difícil encontrar las palabras para dedicarle este pequeño agradecimiento público.
Jorge $$ estuvo apoyando nuestras descabelladas ideas en todo momento, ofreciéndonos su colaboración cuando era necesaria. El mundo de la radio hizo que nos conociéramos en torno a un proyecto cultural que no vio la luz y a partir de entonces establecimos una curiosa relación que dio lugar a algunas peripecias singulares.
Recuerdo aquella ocasión en la que Jorge, José Viruete y un servidor nos entrevistamos con un productor de televisión por satélite para intentar venderle un proyecto bastante freak. Jorge nos ofreció su apoyo y el de su empresa para producir el piloto y sponsorizar los cuatro primeros programas. La reunión terminó del único modo que no queríamos: con el ejecutivo aconsejándonos en tono paternal los pasos a seguir... para buscarle un hueco en otra cadena.
O cuando hace dos años me prestó su casa y me ayudo en la producción de “Servicio a Domicilio” mi, hasta el momento, último corto rodado en Super-8. Desde que he sabido la noticia no me he atrevido a volver a verlo, ni creo que lo haga en mucho tiempo. Además de su presencia hay otras razones que no vienen al caso y que me han causado muchos escalofríos durante estos días.
Le engatusé para que interpretara un pequeño papelito (el chuleta que le roba la novia al friqui). Allí estaba el tío, apostado con traje de chaqueta abierta y sin corbata en el capó de su Peugeot 505, el coche que usaba para ir de un lado a otro. Una imagen italo-ochentera inigualable.
Cuando proyectamos el corto me dijo: “¿Y no hubiera sido mejor que hubiera traído un coche más moderno o más deportivo?” “¡Qué va!” –le dije- ¡Ha quedado muy bien!”. Y era verdad. El coche retro le daba un toque kitsch al triángulo sentimental... Jorge era un amante del coche clásico, en plena era del tuning.
En el plano personal, sólo tengo palabras de agradecimiento. Tanto a Lorena, mi chica como a mí nos ayudo en momentos difíciles y siempre que le necesitamos, ahí estuvo. En los últimos años además, me abrió las puertas a trabajos y colaboraciones que aparte de la ayuda económica que suponían, resultaron muy interesantes. Jamás podré pagarle lo que hizo por nosotros.
En ocasiones Jorge, “se esfumaba” de nuestras vidas durante meses, desconectaba por motivos personales, viajes, trabajo... y no volvíamos a saber de él hasta varios meses después. La última vez que hablé con él por teléfono estuvimos comentando este extraño aspecto de nuestra amistad: “David, tú no te preocupes si no te llamo en unos meses, o no respondo al teléfono, que no pasa nada. Si me necesitas, escríbeme un mail, que el correo lo leo siempre”.
Esta vez no volverá. Se fue mientras yo pensaba, tan tranquilo, que estaría muy ocupado, de viaje, o tratando algún asunto importante. Hasta que hace poco me enteré de la fatalidad.
Hasta siempre, amigo.
Jorge $$ estuvo apoyando nuestras descabelladas ideas en todo momento, ofreciéndonos su colaboración cuando era necesaria. El mundo de la radio hizo que nos conociéramos en torno a un proyecto cultural que no vio la luz y a partir de entonces establecimos una curiosa relación que dio lugar a algunas peripecias singulares.
Recuerdo aquella ocasión en la que Jorge, José Viruete y un servidor nos entrevistamos con un productor de televisión por satélite para intentar venderle un proyecto bastante freak. Jorge nos ofreció su apoyo y el de su empresa para producir el piloto y sponsorizar los cuatro primeros programas. La reunión terminó del único modo que no queríamos: con el ejecutivo aconsejándonos en tono paternal los pasos a seguir... para buscarle un hueco en otra cadena.
O cuando hace dos años me prestó su casa y me ayudo en la producción de “Servicio a Domicilio” mi, hasta el momento, último corto rodado en Super-8. Desde que he sabido la noticia no me he atrevido a volver a verlo, ni creo que lo haga en mucho tiempo. Además de su presencia hay otras razones que no vienen al caso y que me han causado muchos escalofríos durante estos días.
Le engatusé para que interpretara un pequeño papelito (el chuleta que le roba la novia al friqui). Allí estaba el tío, apostado con traje de chaqueta abierta y sin corbata en el capó de su Peugeot 505, el coche que usaba para ir de un lado a otro. Una imagen italo-ochentera inigualable.
Cuando proyectamos el corto me dijo: “¿Y no hubiera sido mejor que hubiera traído un coche más moderno o más deportivo?” “¡Qué va!” –le dije- ¡Ha quedado muy bien!”. Y era verdad. El coche retro le daba un toque kitsch al triángulo sentimental... Jorge era un amante del coche clásico, en plena era del tuning.
En el plano personal, sólo tengo palabras de agradecimiento. Tanto a Lorena, mi chica como a mí nos ayudo en momentos difíciles y siempre que le necesitamos, ahí estuvo. En los últimos años además, me abrió las puertas a trabajos y colaboraciones que aparte de la ayuda económica que suponían, resultaron muy interesantes. Jamás podré pagarle lo que hizo por nosotros.
En ocasiones Jorge, “se esfumaba” de nuestras vidas durante meses, desconectaba por motivos personales, viajes, trabajo... y no volvíamos a saber de él hasta varios meses después. La última vez que hablé con él por teléfono estuvimos comentando este extraño aspecto de nuestra amistad: “David, tú no te preocupes si no te llamo en unos meses, o no respondo al teléfono, que no pasa nada. Si me necesitas, escríbeme un mail, que el correo lo leo siempre”.
Esta vez no volverá. Se fue mientras yo pensaba, tan tranquilo, que estaría muy ocupado, de viaje, o tratando algún asunto importante. Hasta que hace poco me enteré de la fatalidad.
Hasta siempre, amigo.
Lorena, David y el resto de Kromosomos.
Jorge, en la foto, junto a Luixy Toledo. Radio Enlace, Madrid. 1998.


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