27 enero 2006

Servicio a Domicilio



Ya se puede ver el corto que hicimos en Super8. Entre otras menciones, participamos como película invitada en el festival Notodofilmfest (ed. 2005), fuera de concurso.

Para algo que hago ¿tendré que contarlo, no?



12 diciembre, 2005. 12:55 AM


A finales de octubre rodamos el corto en Super8 del que hablé aquí el otro día (sí, con el tomavistas, ¡viva la era digital!) basado en una historia que se le ocurrió a Lorena. Habíamos visto anunciado el festival de cortos (ver www.tomaunica.com) y nos gustó la idea por lo retro y lo artesanal.

Estaba entonces preparando otro proyecto, pero lo dejé a un lado para sacar adelante éste, que me hacía más ilusión. Busqué tres actores y lo rodamos en casa de Jorge al que, por cierto, le di un papelito. Fenomenal. Muy divertido todo.

Mandamos la película a revelar y... a cruzar los dedos. Con la suerte que me caracteriza, estaba casi seguro que algo iba a fallar. La proyección fue el sábado pasado, como ya conté. Al final Lore no se animó a ir, seguía pachucha, así que me planté sólo. Vinieron Isabel, Victoria y Diego, los actores. A Jorge no le vi.

Iba con la impresión de que el corto que no tenía gracia, que no era gran cosa. Vamos, que era una mierda. Había visto el material en video que rodamos adicionalmente y me había decepcionado bastante. Pero llegó el momento de la proyección en el festival, la gente se reía mucho con los gags y fue el corto más aplaudido de la noche con diferencia. Y no fallo nada. Yo alucinaba, porque me parecía, y me sigue pareciendo, bastante flojo.

En uno de los descansos, se me acercaron varias personas a felicitarme. ¿??? Una de ellas era Javier Fesser, me dijo que le había encantado y me invitó a que el corto participara como película invitada en su festival de cine comprimido
www.notodofilmfest.com. Sí, seguía alucinando, y el viaje de LSD llegó al cenit cuando nos dieron el ¡segundo premio! del festival. Con una película sin pretensiones, sin presupuesto y con la duda de si iba a ver algo o no durante la proyección.

A todo esto, el sábado pasado seguía griposo y sin voz. Así que salí a recogerlo, asentí con la cabeza sonriendo lo que la fiebre y el no dormir me permitieron y me volví a esconder.

No quiero pecar de falsa modestia, el premio me hace ilusión, claro, pero no es lo mismo ahora, que si me hubiera pasado algo parecido hace cinco o diez años. Además, me sentía muy extraño allí, con la bolsita del premio en la mano (aparte de la mención, la sorpresa consistía en varios rollos de película virgen) y sin encajar demasiado...

Lorena también se alegró, no en vano era todo gracias a una idea suya. A ver si esto la anima un poco a seguir escribiendo sus relatos. Y bueno, yo en la medida de lo posible seguiré haciendo cosas, entre problema y problema.



02 diciembre, 2005. 7:36 AM

[...] mañana estreno un corto en un festival. Pero es un corto muy curioso, porque está rodado en Super8.

En la era del video digital y la TDT, ya ves.

El festival es de cine Super8. Muy retro. Tiene la peculiaridad de que las películas a concurso tienen que estar montadas en cámara y ellos abren los sobres del laboratorio para proyectarlas allí estén como estén, mal o bien. Es decir, no puedes revelarlas y montarlas después. Con lo cual había que rodar en orden...

Todo fue muy rápido, vimos el anuncio y a Lorena se le ocurrió una idea muy graciosa. Yo le añadí el final, lo escribimos juntos y busqué a tres actores para rodarlo en casa de Jorge con un tomavistas de la edad de Carmen Sevilla. Como esto tenía su riesgo, ya que se rueda con material sensible, el tomavistas ya cobra pensión y demás, rodé una versión paralela en video, por seguridad.

Fue muy divertido y salió bien, aunque cuando reviso el material de video cada vez me parece que la historia no tiene gracia. Ya hacía ocho años que no dirigía nada, después de lo último, y ya tocaba.

Como el Super8 es mudo, el festival te daba la posibilidad de llevar un CD, doblarlo allí, tocar en directo con músicos... Al final he compuesto una BSO un poco ñoña, a teclado y guitarra (como en los viejos tiempos, je, je) que he terminado justo ahora.

Estoy nervioso, no sea que el film se haya velado o se vea todo oscuro... que con mi suerte puede pasar. Bueno siempre quedara la versión en video.

Como he dicho antes que me estoy intentando vender, en un rato anunciaré algo en las noticias de Kromosomos. Y más info del festival en
www.tomaunica.com

23 enero 2006

¿Pasar por el aro?

He ido a una entrevista de trabajo, para variar. Bueno, sigo buscando, siempre estoy buscando aunque tenga ya algo. Es una cosa que he aprendido en los últimos años, conociendo lo pronto que se puede ir a la mierda un infra-empleo.

Así que me fui andando hasta Gran Vía, que es donde estaba la ETT de turno. Y nada más entrar, mal rollo. Una gordita con cara de odio me escruta y me entra de mala gana para que rellene no sé que mierda de ficha y dársela después a la chica que me iba a entrevistar. Cogí el boli con una media sonrisa pensando “pero si la debéis tener mil veces, tantas como visitas a vuestra apestosa oficina”. Más mal rollo, la entrevistadora me mira, y cuela a otra tipa que ha llegado detrás de mí. Bueno, que más da si estoy al lado de casa. Y llega el momento. Estoy sentado de espaldas a ella y de reojo la veo acercarse a mi con sigilo. “¿Perro Flaco J.? Soy Krustyna, tenías una entrevista conmigo ¿verdad?”, me dice con miedo. Pensé “no, creía que esto era un cine y me he metido, ya ves”, pero me limite a mover la cabeza de arriba a abajo.

Me mira de los pies al gorro. Mi gorro azul. Me gusta ponerme mi gorro azul, me tapa el poco pelo rizado y encrespado que me queda. Sonríe y no sabe por donde empezar. Joder. “Eeeh ¿por qué estás interesado en el puesto?” y preguntas similares me atraviesan, que si los motivos por los que terminé anteriores trabajos y etc. Muy típico. Sigo el guión de la entrevista, me burlo un poco de ella y la suelto frases de corrido como si fuera un actor malo de teleserie española, a ver si se da cuenta de lo que quiero.

Déjate de historias, quiero ese trabajo, que es una mierda de las mismas dimensiones pero pagan más, y estoy ya bastante cansado de esto como para jugar a las apariencias otra vez..

La descoloco, no la encajo. No encajo. No parezco un borreguito, ni voy con cremita en la cara y sonrisa postiza. La mía es natural, irregular, nerviosa.

Pero lo tiene muy fácil para vengarse desde su mundo de superwomans oficinistas, chics, arregladitas: “Bien, Perro... ¿o te puedo llamar Perri?. Pues Perri, ya sabes que te llamarán para hacer una segunda entrevista con la empresa. Y ese día, intenta ir un poco más arreglado”.

¿Arreglado? CREÍA que iba arreglado [...] No suelen ser tan directos, los hijos de putas (de varias putas). Normalmente te lo sugieren dando un rodeo, y añaden eso de “ya sabes como son las empresas”.

Y aparte de esto: si se trata de un trabajo para patearse la calle durante siete horas ¿para qué coño quieres que vaya arreglado a la entrevista?, digo yo.

Le he comentado a Lorena que desde que empezamos a pasarlas mal y a meternos en líos, los dos hemos perdido la noción de nuestra imagen exterior. Vamos que a lo mejor creemos que vamos bien y estamos hechos una pena. No sé.

Bah, seguro que ni me llaman. Cada vez se nos exige más imagen, más pose y menos aptitud. Y creo que yo no me muevo bien en ese terreno. Pero si me llaman no me voy a quitar el gorro.

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