¿Pasar por el aro?
He ido a una entrevista de trabajo, para variar. Bueno, sigo buscando, siempre estoy buscando aunque tenga ya algo. Es una cosa que he aprendido en los últimos años, conociendo lo pronto que se puede ir a la mierda un infra-empleo.
Así que me fui andando hasta Gran Vía, que es donde estaba la ETT de turno. Y nada más entrar, mal rollo. Una gordita con cara de odio me escruta y me entra de mala gana para que rellene no sé que mierda de ficha y dársela después a la chica que me iba a entrevistar. Cogí el boli con una media sonrisa pensando “pero si la debéis tener mil veces, tantas como visitas a vuestra apestosa oficina”. Más mal rollo, la entrevistadora me mira, y cuela a otra tipa que ha llegado detrás de mí. Bueno, que más da si estoy al lado de casa. Y llega el momento. Estoy sentado de espaldas a ella y de reojo la veo acercarse a mi con sigilo. “¿Perro Flaco J.? Soy Krustyna, tenías una entrevista conmigo ¿verdad?”, me dice con miedo. Pensé “no, creía que esto era un cine y me he metido, ya ves”, pero me limite a mover la cabeza de arriba a abajo.
Me mira de los pies al gorro. Mi gorro azul. Me gusta ponerme mi gorro azul, me tapa el poco pelo rizado y encrespado que me queda. Sonríe y no sabe por donde empezar. Joder. “Eeeh ¿por qué estás interesado en el puesto?” y preguntas similares me atraviesan, que si los motivos por los que terminé anteriores trabajos y etc. Muy típico. Sigo el guión de la entrevista, me burlo un poco de ella y la suelto frases de corrido como si fuera un actor malo de teleserie española, a ver si se da cuenta de lo que quiero.
Déjate de historias, quiero ese trabajo, que es una mierda de las mismas dimensiones pero pagan más, y estoy ya bastante cansado de esto como para jugar a las apariencias otra vez..
La descoloco, no la encajo. No encajo. No parezco un borreguito, ni voy con cremita en la cara y sonrisa postiza. La mía es natural, irregular, nerviosa.
Pero lo tiene muy fácil para vengarse desde su mundo de superwomans oficinistas, chics, arregladitas: “Bien, Perro... ¿o te puedo llamar Perri?. Pues Perri, ya sabes que te llamarán para hacer una segunda entrevista con la empresa. Y ese día, intenta ir un poco más arreglado”.
¿Arreglado? CREÍA que iba arreglado [...] No suelen ser tan directos, los hijos de putas (de varias putas). Normalmente te lo sugieren dando un rodeo, y añaden eso de “ya sabes como son las empresas”.
Así que me fui andando hasta Gran Vía, que es donde estaba la ETT de turno. Y nada más entrar, mal rollo. Una gordita con cara de odio me escruta y me entra de mala gana para que rellene no sé que mierda de ficha y dársela después a la chica que me iba a entrevistar. Cogí el boli con una media sonrisa pensando “pero si la debéis tener mil veces, tantas como visitas a vuestra apestosa oficina”. Más mal rollo, la entrevistadora me mira, y cuela a otra tipa que ha llegado detrás de mí. Bueno, que más da si estoy al lado de casa. Y llega el momento. Estoy sentado de espaldas a ella y de reojo la veo acercarse a mi con sigilo. “¿Perro Flaco J.? Soy Krustyna, tenías una entrevista conmigo ¿verdad?”, me dice con miedo. Pensé “no, creía que esto era un cine y me he metido, ya ves”, pero me limite a mover la cabeza de arriba a abajo.
Me mira de los pies al gorro. Mi gorro azul. Me gusta ponerme mi gorro azul, me tapa el poco pelo rizado y encrespado que me queda. Sonríe y no sabe por donde empezar. Joder. “Eeeh ¿por qué estás interesado en el puesto?” y preguntas similares me atraviesan, que si los motivos por los que terminé anteriores trabajos y etc. Muy típico. Sigo el guión de la entrevista, me burlo un poco de ella y la suelto frases de corrido como si fuera un actor malo de teleserie española, a ver si se da cuenta de lo que quiero.
Déjate de historias, quiero ese trabajo, que es una mierda de las mismas dimensiones pero pagan más, y estoy ya bastante cansado de esto como para jugar a las apariencias otra vez..
La descoloco, no la encajo. No encajo. No parezco un borreguito, ni voy con cremita en la cara y sonrisa postiza. La mía es natural, irregular, nerviosa.
Pero lo tiene muy fácil para vengarse desde su mundo de superwomans oficinistas, chics, arregladitas: “Bien, Perro... ¿o te puedo llamar Perri?. Pues Perri, ya sabes que te llamarán para hacer una segunda entrevista con la empresa. Y ese día, intenta ir un poco más arreglado”.
¿Arreglado? CREÍA que iba arreglado [...] No suelen ser tan directos, los hijos de putas (de varias putas). Normalmente te lo sugieren dando un rodeo, y añaden eso de “ya sabes como son las empresas”.
Y aparte de esto: si se trata de un trabajo para patearse la calle durante siete horas ¿para qué coño quieres que vaya arreglado a la entrevista?, digo yo.
Le he comentado a Lorena que desde que empezamos a pasarlas mal y a meternos en líos, los dos hemos perdido la noción de nuestra imagen exterior. Vamos que a lo mejor creemos que vamos bien y estamos hechos una pena. No sé.
Le he comentado a Lorena que desde que empezamos a pasarlas mal y a meternos en líos, los dos hemos perdido la noción de nuestra imagen exterior. Vamos que a lo mejor creemos que vamos bien y estamos hechos una pena. No sé.
Bah, seguro que ni me llaman. Cada vez se nos exige más imagen, más pose y menos aptitud. Y creo que yo no me muevo bien en ese terreno. Pero si me llaman no me voy a quitar el gorro.
Etiquetas: A Perro Flaco Todo Son Pulgas


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