Salvamento a 45 revoluciones por minuto
Javi se partía de risa mientras yo intentaba poner fin a aquello lo antes posible. Iba sacando más y más cajas de discos que acababan en el maletero de su coche. Era un poco embarazoso, pero estábamos contentos. Sobre todo Javi, casi más que yo, y eso que todas las cosas que estábamos recuperando eran mías.
Recuperando después de tres años. Como un regalo, porque había prácticamente olvidado gran parte de todo aquello. Eran casi unos quinientos singles, cien LP’s, unas cuarenta pelis y cincuenta cassettes con grabaciones. En realidad una pequeña porción de toda la colección, pero entre ella se encontraban los singles más significativos, la música más rara, los que me gustaban siendo un enano, los de mi padre o los que pinchaba en el programa y eran causa de estupor o risas a mandíbula batiente. Una pena perderlos por los buenos momentos en la radio. Valor sentimental creo que lo llaman.
Mientras tanto, Juanma, la persona que había guardado este tiempo –y no sé por qué- los tesoros, nos iba contando la otra parte de la aventura: como había sufrido las amenazas de la inquilina del piso y su troupe, y los malabarismos que había tenido que hacer para que se fueran.
Recuperando después de tres años. Como un regalo, porque había prácticamente olvidado gran parte de todo aquello. Eran casi unos quinientos singles, cien LP’s, unas cuarenta pelis y cincuenta cassettes con grabaciones. En realidad una pequeña porción de toda la colección, pero entre ella se encontraban los singles más significativos, la música más rara, los que me gustaban siendo un enano, los de mi padre o los que pinchaba en el programa y eran causa de estupor o risas a mandíbula batiente. Una pena perderlos por los buenos momentos en la radio. Valor sentimental creo que lo llaman.
Mientras tanto, Juanma, la persona que había guardado este tiempo –y no sé por qué- los tesoros, nos iba contando la otra parte de la aventura: como había sufrido las amenazas de la inquilina del piso y su troupe, y los malabarismos que había tenido que hacer para que se fueran.

"Las latas, los briks y el cine basura en la bolsa amarilla"
Empecemos: Hace más de tres años terminé la relación con mi ex, y pude sacar algunos de mis enseres de su casa, pero no todos. “Bueno”, le dije, “como tú estás aquí, cuando pueda iré recogiendo lo demás”. Quedaron libros, discos, videos, ropa, la tele, um, no sé, bastante más, ya ni me acuerdo. El caso es que confiaba en ella, era buena chica, y al fin al cabo sólo eran cosas...
Al poco mi ex y su hermana acabarón metiendo en el piso a todos sus parientes, y para colmo a una inquilina verdulera que apalancó allí a su familia política. Tanto follón acabó mal -a ver- y tuvieron que irse. Llamaron al casero, y cuando llegó el hombre, se encontró con el pastel. Seis o siete personas que se iban, facturas de luz y gas sin pagar y lo peor, otros cuatro o cinco seres dentro del piso, por la gorra. Y mis cosas.
Juanma entró en cólera y amenazó con denunciarnos. Claro, allí estaba mi firma, en el contrato. Tenía que haberlo cambiado, si ya era el malo de la historia, tenía que haber sido el más malo. Pero no, fui el más tonto.
Es ahí cuando me entero de todo lo de más arriba, me lo cuenta Juanma cuando me llama para saber que pasaba. Quedamos unos días después en la puerta de la casa. Me dijo que le debíamos pagar unos 300 euros por las deudas de luz y gas, a 150 cada uno. Aunque yo llevara dos meses fuera del piso.
En aquel entonces me encontraba en la miseria más absoluta: estaba sin un duro, buscando trabajo, y no podía pagar aquello. Es lo que le dije al casero en aquella cita. A lo que me contestó que no me permitiría acceder a la casa para recoger lo mío hasta que no le hubiera entregado las pelas. Si no lo hacía, estaba dispuesto a venderlo todo, al peso. Y mientras hablábamos, por allí paseaba con todo descaro la inquilina, que le prometió delante de mí al casero que se iría en quince días.
Seis meses después, volví a hablar con Juanma para ver si conservaba mis cosas, y me contó que tenía guardados al menos los discos y los videos, y al parecer nada más. Había vendido el piso de Torrejón. Adiós a lo otro. Me advirtió: “No tardes mucho, que me hace falta el hueco”.
Pero tardé. Pasó un año, dos...y en todo este tiempo no pude guardar 150 euros libres para dedicarlos a esto. Así de mal me ha ido, señores. Mal de pelas. Mal. pero contento.
Hace poco, encontré un recibo de alquiler de Juanma con sus datos. Probé. Las cosas, aunque parezca increíble, seguían en su poder y era el momento de rescatar el botín. Conté, claro, con la ayuda del nunca bien ponderado Javi Starboy para la operación; hace un par de semanas nos fuimos en su coche hasta Meco. Allí nos esperaban Juanma y su mujer. Ella parecía desear que acabara todo de una vez y él, muy amable, nos ayudó a sacar las cosas mientras nos contaba la otra parte de la historia:
La inquilina y sus palmeros habían echado raíces en el piso de Torrejón. El hombre no sabía como echarla, así que lo vendió y le dio una importante suma de dinero más la entrada de otro alquiler a cambio de que se fuera. Todo esto entre amenazas de muerte a su mujer incluidas. Todavía con cierta excitación en su voz, Juanma me aseguró que había perdido diez kilos en un mes, del stress.
Juanma entró en cólera y amenazó con denunciarnos. Claro, allí estaba mi firma, en el contrato. Tenía que haberlo cambiado, si ya era el malo de la historia, tenía que haber sido el más malo. Pero no, fui el más tonto.
Es ahí cuando me entero de todo lo de más arriba, me lo cuenta Juanma cuando me llama para saber que pasaba. Quedamos unos días después en la puerta de la casa. Me dijo que le debíamos pagar unos 300 euros por las deudas de luz y gas, a 150 cada uno. Aunque yo llevara dos meses fuera del piso.
En aquel entonces me encontraba en la miseria más absoluta: estaba sin un duro, buscando trabajo, y no podía pagar aquello. Es lo que le dije al casero en aquella cita. A lo que me contestó que no me permitiría acceder a la casa para recoger lo mío hasta que no le hubiera entregado las pelas. Si no lo hacía, estaba dispuesto a venderlo todo, al peso. Y mientras hablábamos, por allí paseaba con todo descaro la inquilina, que le prometió delante de mí al casero que se iría en quince días.
Seis meses después, volví a hablar con Juanma para ver si conservaba mis cosas, y me contó que tenía guardados al menos los discos y los videos, y al parecer nada más. Había vendido el piso de Torrejón. Adiós a lo otro. Me advirtió: “No tardes mucho, que me hace falta el hueco”.
Pero tardé. Pasó un año, dos...y en todo este tiempo no pude guardar 150 euros libres para dedicarlos a esto. Así de mal me ha ido, señores. Mal de pelas. Mal. pero contento.
Hace poco, encontré un recibo de alquiler de Juanma con sus datos. Probé. Las cosas, aunque parezca increíble, seguían en su poder y era el momento de rescatar el botín. Conté, claro, con la ayuda del nunca bien ponderado Javi Starboy para la operación; hace un par de semanas nos fuimos en su coche hasta Meco. Allí nos esperaban Juanma y su mujer. Ella parecía desear que acabara todo de una vez y él, muy amable, nos ayudó a sacar las cosas mientras nos contaba la otra parte de la historia:
La inquilina y sus palmeros habían echado raíces en el piso de Torrejón. El hombre no sabía como echarla, así que lo vendió y le dio una importante suma de dinero más la entrada de otro alquiler a cambio de que se fuera. Todo esto entre amenazas de muerte a su mujer incluidas. Todavía con cierta excitación en su voz, Juanma me aseguró que había perdido diez kilos en un mes, del stress.
Aun no me explico como no pagó a dos honorables ciudadanos de la Europa del Este para que me esperaran a la salida del cine, no precisamente para saludarme.
...Y habia guardado todo aquello. Tres años. Alucinante. Juanma sabía el valor de toda la caspa que tenía allí guardada, o al menos eso nos dijo.
Las cajas con discos no paraban de salir, y a Javi le entró la risa. No imaginaba, o no recordaba que tuviera tanto disco. ¡Pero, a ver! ¡¿como se aderezan más de cuatrocientos programas de radio sin apenas repetirse?!
Lo cierto es que perdí muchas otras cosas de un valor económico más gordo (lógico, los okupas vendieron cosas, se fueron unos, quedaron otros, también sin pelas, luego se fueron... mucha gente paso por allí), pero eso no me ha importado nunca. Es más, ya ni recuerdo que pudé olvidar.
Con nuestra Gratitud Kromosomática eterna, nos fuimos. Para la historia quedan estas fotos del maletero de Javi antes de volver a Madrid.
...Y habia guardado todo aquello. Tres años. Alucinante. Juanma sabía el valor de toda la caspa que tenía allí guardada, o al menos eso nos dijo.
Las cajas con discos no paraban de salir, y a Javi le entró la risa. No imaginaba, o no recordaba que tuviera tanto disco. ¡Pero, a ver! ¡¿como se aderezan más de cuatrocientos programas de radio sin apenas repetirse?!
Lo cierto es que perdí muchas otras cosas de un valor económico más gordo (lógico, los okupas vendieron cosas, se fueron unos, quedaron otros, también sin pelas, luego se fueron... mucha gente paso por allí), pero eso no me ha importado nunca. Es más, ya ni recuerdo que pudé olvidar.
Con nuestra Gratitud Kromosomática eterna, nos fuimos. Para la historia quedan estas fotos del maletero de Javi antes de volver a Madrid.

"El saber sí ocupa lugar"
Llegamos al centro y Javi me ayudó a subir los trastos. Lorena flipó al ver todo aquello. Es demasiado. En la buhardilla ya no caben más cosas, así que lo he escondido todo bajo la cama, como un amante furtivo. A este paso vamos a tener que dormir en el pasillo...
Es como una especie de síndrome de Diógenes incipiente. Nuestras cosas nos echan de casa.
“Me encanta que los planes salgan bien” decía el difunto Annibal en mi cabeza (qué original soy en las referencias ¿eh?).. Pero no, coronel, no todo pudo salir bien. Al bajar a la calle, Javí se percató de que le habían clavado una multa en el coche. Mi calle es peatonal, y sólo pueden acceder los residentes con un permiso. Una excusa para multar, vamos. Pero ¿quién ayuda a los que no tenemos coche? A ver si puedo hacer que a Javi le retiren la multa, alegando que soy residente, y se trataba de una urgencia. Y si no le echaré un cable para pagarla.
Etiquetas: A Perro Flaco Todo Son Pulgas

