Presencias Extrañas en el Autobús Nocturno
Por las noches, cuando regreso del infratrabajo a eso de las doce y me da por ir en autobús en lugar de dar un paseo -el metro es agobiante y tarda mucho a esas horas-, me encuentro en la parada de la Estación Sur (Méndez Álvaro, Madrid) con el mismo grupo de personas, con su rutina, sus horarios, su bus puntual, su cara de trabajadores anodinos... Me tienen por un bicho raro porque abandono la parada para comprar un refresco o bien me voy (decido de pronto ir andando, es viernes y el bus va hasta arriba de gente, me harto de escuchar sus conversaciones...)
Una teleoperadora argentina, una empleada de gesto triste de algún restaurante de la estación y desde hace un par de meses un hombre bajito, con el pelo teñido y camisas floreadas. Este último se queda detrás de la marquesina y empieza a hablar con los yonquis que pululan por allí o con los conductores durante el viaje. A veces, cuando paso cerca, me mira desde abajo con una media sonrisa. Yo aparto la mirada, en fin, que eso no es lo mío... Unos cincuenta. Rostro familiar.
En ocasiones pienso que es un proxeneta de algunas de las muchas prostis que pueblan la zona, que vuelve de dejar a sus chicas en el lugar de trabajo, o bien alguna vieja sarasa buscando marcha con jovencitos. Pero me suena mucho, cada día su rostro me resulta más conocido, y entrañable.
Pienso, “a este hombre, um, a este hombre le conozco. Tiene pinta de personaje nocturno, un poco volado... pero me suena, ¿será un actor decadente?” Esta vez subo tras él al autobús, y el busero me pone en la pista: “¡Hola Tony!”
¡¡Sí!! ¡Ya sé quien es! ¡¡Es Tony Genil, el cutreheroe musical!! Mis ojos no me engañan. Tony Genil, al que pinchábamos mucho antes del boom de Tamara y compañía en el programa de radio con sus temas alucinógenos... Ese hombre...
Curioso. Él no se acuerda, o sí, pero ya nos conocemos. Además de cantante (sic) Tony se había dedicado a la radio, y tuvo un programa de copla en una emisora donde estuve trabajando un tiempo. No coincidimos nunca en los estudios, pero nos lo presento el director de programas en una fiesta a Javi, uno de mis compañeros, y a mí. De esto hace ya mucho. Antes de todo lo suyo, como digo.
Hoy, un tipo le grita algo con sorna: “¡Cántate algo, Genil!”. No es lo habitual. Suele pasar inadvertido dentro de su peculiaridad, por la noche la gente esta harta de ver gente extraña. “La tarara”, responde. Le miro. Le voy a hablar, pero me vuelve a observar con esas cejas y sus ojos de rata y me corta un poco ("que nooo, que no ando buscando plan"). En el fondo me río. ¿Cómo no me he dado cuenta en todo este tiempo? Jo, jo...
¿Que hace este personaje todas las noches tomando el N11 en esa zona? ¿Por qué viaja en autobús? ¿Cómo es su vida de telefreak en proceso de borrado de la memoria colectiva? Permanezcan atentos a su pantalla.

P.D: No es la primera vez que tengo un extraño encuentro en un bus. Hace años, en otro nocturno se sentó a mi lado Pablo Sebastian, por aquel entonces más conocido como “El Pianista de Cine de Barrio”. No sé por qué motivo -¿dónde me verán el punto amanerado?-, éste también se pasó todo el viaje lanzándome miradas de complicidad, mientras yo giraba la cabeza para comprobar si era él de verdad. Y lo era.
Etiquetas: A Perro Flaco Todo Son Pulgas


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada
<< Página principal